No la recordaba porque no soy de los que recuerdan las citas al pie de la letra -tengo un amigo que más que leer los libros creo que se los estudia y siempre tiene una cita literal a mano-, ni sé ya a cuento de qué la mencioné. Y ni siquiera en qué momento de aquel fantástico fin de semana cacereño del e-Findex lo hice ni quiénes andábamos en conversación -aunque me suena que el amiguete Guadián estaba por allí-.
Eso sí, no me había olvidado de que la cita era de Miguel de Unamuno ni, por supuesto, del trasfondo que encierra.
Y hoy me la he vuelto a encontrar:
Es detestable esa avaricia espiritual que tienen los que, sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos.

Soy quien soy, pero sólo a ratos.
Cuanta razón Jacinto
Saludos,
Díle a tu blog que me recuerde, que le tengo que estar siempre metiendo la información en los textBox/Edits.
Te quería decir que no es cierto en todos los casos. Recuerda que todo el mundo se cree el mejor del mundo y que lo sabe todo. Si estuvieran contínuamente transmitiéndolo esto sería insufrible, así que mira a bien a quiénes les das ese consejo, jaja.
Ahhh!!!! Yo estaba delante cuando la digiste! Fue en la puerta del claustro, entre dos mesas, rodeado de todos los demás fumadores empedernidos y sí, me suena mucho que estaba Guadián.
Un abrazo
Hola amigo, solo un saludo ya que pasé volando por aquí, no puedo menos que dejarte un dulce besito.
Tú sí que sabes, Guadián. ;)
¿Sólo te pasa en este blog, Atlante? Porque a mí me recuerda, y eso parece más cosa del navegador. Y llevas razón, Unamuno vivía en otros tiempos, donde el conocimiento estaba menos repartido. Ahora todos creemos saberlo todo. Aunque quizá sea mejor la saturación que el que se lo queden unos cuantos. :)
Gracias, Pau, memoría mía. :D
Otro beso para tí, abeja. :)