Disciplinas de partido
Dice Joaquín Leguina en La Mirada Crítica de Telecinco que, por diversas razones cuya exposición requeriría una extensión de tiempo que el programa no permite, siempre ha creído en la disciplina de partido. Apunta, sin embargo, una de esas razones. Sin esa disciplina, se formaría un carajal.
Creo que lleva razón. Sin disciplina reinaría un caos que no sería nada constructivo. No sería bueno para nadie. Pero al hablar de disciplina de partido hay que matizar bien el concepto, que no es esa disciplina lo mismo en todos los casos.
La disciplina de la que habla Leguina no es sino el resultado del funcionamiento democrático interno de un partido. Esto es, se llega a esa situación en que todos acatan esa disciplina después de un debate en el que todas las voces han podido hacerse oír para manifestar su opinión, aunque sea ésta contraria a la corriente mayoritaria. Vista así, la disciplina de partido es la culminación de un procedimiento democrático en el que la opinión de la mayoría es acatada por la minoría. Como sucede con los resultados de las elecciones y refrendos, vamos. Eso es la democracia.
Sin embargo, se puede dar y se da otro tipo de disciplina de partido, mal entendida, en que las decisiones a acatar por la mayoría no surgen de un verdadero debate democrático sino del dictado de un pequeño grupo dominante. Hay quien dicta y quien obedece ciegamente. Y eso no es disciplina de partido. Ni democracia. Eso tiene otro nombre.
Un ejemplo no muy lejano de este último tipo de disciplina se dió con ocasión de la adhesión de España a los planes de invasión de Irak del gobierno estadounidense. Todo un partido, salvo escasas pero honrosas excepciones, aceptó sin rechistar las decisiones de un líder tan carismático como personalmente ambicioso, secundado por una camarilla de dirigentes cegados por el poder.
Lo dicho. Eso no es disciplina de partido. Ni democracia. Eso es otra cosa.

Soy quien soy, pero sólo a ratos.

Cesar Calderon dijo
Jacinto, muy recomendable un libro en el que Leguina se explaya con gran acierto sobre cuestiones ideologicas y partidarias.
Se llama "los rios desbordados" y creo que es de imprescindible lectura.
8 Mayo 2006 | 11:17 AM