La curiosidad culpable
No tengo hijos, sólo dos sobrinos. Verónica y Adolfo, de 8 y 5 años, respectivamente. Pero viven muy cerca y el trato es continuo, de manera que los voy viendo crecer casi a diario, sanos y felices, ajenos aún a la perversidad y la demencia que habitan en las mentes de muchos adultos.
Y es que de un tiempo a esta parte, desde que publiqué un post sobre cierto sitio de Internet que daba acceso a contenidos para adultos a los soldados estadounidenses que subieran a un foro imágenes de corte gore tomadas en los escenarios de guerra, me llegan a este blog muchas visitas que, desde los buscadores, pretenden llegar a otros sitios.
En los términos de búsqueda, la palabra que provoca la confusión -sí, la que se refiere a eso que estaría yo haciendo ahora mismo con mi chica favorita si pudiera- y que no sé si repetir aquí, por no atraer a más dementes, y otras referidas a la infancia, en diferentes frases y combinaciones que a menudo se repiten.
Si he de juzgar estadísticamente de acuerdo con el total de visitas de este blog, el porcentaje de personas buscando en Internet imágenes "especiales" con niños de por medio resulta preocupante. No me parece posible que haya tanto desequilibrado suelto -no pueden ser otra cosa quienes muestran esos intereses- y prefiero pensar, a veces, que muchas de esas búsquedas obedecen más a la curiosidad que a un verdadero interés por esas despreciables prácticas.
Al fin y al cabo, se le da demasiada publicidad al tema, y siempre hay quienes después de ver en diarios o noticieros que tal o cual cosa aparece en la Red se apresuran a constatar que eso es cierto, sin reflexionar mucho acerca de lo que hacen ni pararse a pensar, por ejemplo, que sus visitas se suman para hacer crecer un total de visitas que sólo puede animar a continuar en su labor al desalmado que sube esos contenidos a Internet.
Manteniendo esa benevolente suposición de intenciones, detrás de esas búsquedas hay una tremenda irresponsabilidad y una patente falta de valores. Yo no podría ver esas imágenes, me dolería el hacerlo. Me duelen el sufrimiento ajeno y la injusticia, los abusos y las manipulaciones sobre seres inocentes e indefensos. Y sólo entiendo el sexo -ya he dicho la palabra-, se practique por puro placer o amoroso misticismo, como resultado de la libre y consciente voluntad de quienes lo disfrutan.
Los que por simple curiosidad buscan esos contenidos en la Red son tan culpables de su proliferación como quienes los solicitan conscientemente para satisfacción de sus degenerados apetitos. Y si bien quizá no merezcan la cárcel o el psiquiátrico como estos últimos, sí que se les puede pedir que actúen responsablemente y no alimenten más esa sinrazón.
Dejen en paz a los niños. Por favor.

Soy quien soy, pero sólo a ratos.

Lobo dijo
Una vez me dediqué a revisar los criterios de búsqueda que habían llevado a la gente a mi blog. Algunos eran de risa. Y otros, como has descubierto tú inquietantes. Afortunadamente eran los menos.
6 Abril 2006 | 07:42 PM