Sociedades de Gestión y Democracia
Hoy tocaba jazz. Y Diana Krall canta ahora "Stop This World" en Jazz Radio FM Chicago.
Ya lo he dicho otras veces. La radio en Internet, con su oferta de emisoras de todo el mundo (no podía creerlo el otro día cuando en SouthCast vi que se podía sintonizar la Cadena del Water), muchas de ellas especializadas en estilos o épocas concretas, hace que cada vez sea más raro que me dé por escuchar el CD de algún grupo o cantante en concreto.
No es música a la carta, pero casi. Y quizá no tarde mucho en serlo. De hecho, ya existen emisoras dedicadas en exclusiva a algunos grupos. Sobre todo a los Beatles, como no podía ser de otra forma.
No sé si esto -o la venta de música por Internet- repercutirá en el negocio de la venta de discos. Pero plantea nuevos escenarios a las Sociedades de Gestión de Derechos de Autor, que querrán gravar con sus cánones -ya quieren- todo aparato, artilugio o sistema de transmisión de datos que intervengan en el proceso de reproducción de esa música que las radios nos traen a través de Internet.
Su lastimoso discurso convence por el momento -¿compra? ¿chantajea?- a nuestros gobernantes. Pero el funcionamiento de esas sociedades para con sus propios asociados, para con la mayoría de ellos, deja mucho que desear a la hora del reparto de los beneficios derivados de su labor recaudadora. Sólo unos pocos, una élite, tienen voz y se benefician de las rentas que producen esos derechos. Aunque, incomprensiblemente, afiliarse a entidades como la SGAE no es una opción, sino una obligación. Por activa o por pasiva.
Nada de justo ni democrático hay en su sistema, que además sirve a un monopolio de hecho, con lo que de perjudicial eso conlleva para el común de los ciudadanos. ¿Por qué nuestros gobernantes les siguen concediendo su apoyo y su beneplácito?
Ése es uno de los grandes misterios de nuestra Democracia.

Soy quien soy, pero sólo a ratos.
