Concluye Las Vegas Sun un artículo del pasado jueves opinando que si el precio de hacer negocios implica aceptar el bloqueo del acceso a sitios web y otras formas de censura en la Red, es un precio demasiado alto. Se refiere, claro está, al asunto de las compañías estadounidenses (Microsoft, Yahoo, Cisco Systems y Google) acusadas de colaborar activamente con la censura que en Internet impone el gobierno chino sin más causa aparente que la de no perder su trozo de pastel en un mercado tan apetecible.
No es el unico medio estadounidense que se ocupa de este tema, que ha llegado ya al Congreso del país y parece haber movilizado a sus congresistas en la defensa de la libertad en Internet, creando una Internet Freedom Task Force para tal defensa.
Del lado de las compañías implicadas las cosas se muestran teñidas de un inocente color verde esperanza. El acceso restringido a Internet no es lo ideal -se defienden-, pero es mejor que nada para el pueblo chino. El amigo Bill (Gates, sí) va más allá, asegurando que el acceso a la Red contribuirá al avance político de China y servirá para prevenir la censura. En realidad, todo se sintetiza en lo que el bueno de Bill dijo en el World Economic Forum: la censura estatal no es razón para que las compañías tecnológicas no hagan negocios en China. Más claro, imposible.
Aunque por esta vez, y sin que sirva de precedente, en esto último algo de razón se le puede conceder. Como denuncia CNET News, hay mucho de hipócrita en ese repentino despertar ético de los congresistas estadounidenses. Si las prácticas de estas compañías tecnológicas son censurables, debieran serlo también las de cualquier otra, sea del sector que sea, que haga negocios en China. O las del propio gobierno de EE.UU., que ha venido manteniendo tratos comerciales preferentes con China mientras propulsaba medidas de embargo económico contra otros países a cuyos gobiernos acusaba de hacer lo que el gobierno chino sigue haciendo aunque lo niegue, gobernar con totalitarismo y reprimir con firmeza cualquier disidencia.
El debate que se alimenta desde algunos medios estadounidenses es necesario y oportuno, en estos tiempos en que los valores democráticos sirven de excusa para invadir países, asesinar inocentes o mantener presos cautivos a perpetuidad, y la libertad de expresión se utiliza como caballo de Troya para que entre nosotros se instalen ideas contrarias a la propia libertad. Si tanto nos importa la ética democrática, ¿por qué no por igual en todos los casos?
La respuesta está en una palabra que sirve para explicar muchas cosas: negocio.