Cosas de borregos
Prometo que a mí mismo me prometo, cada día, regresar al día siguiente a la navegación por esos mundos virtuales en busca de otras informaciones tan necesarias y no tan difundidas como las que nos regala, día sí y día también, el extraordinario circo de la política nacional.
Pero entre promesa y promesa uno se va enterando de lo que hay por aquí, quiera o no quiera. Y lo que hay es tan "de tripi" (que así se hubiera dicho en otros tiempos en los que no era tan descabellado temer que los sables comenzaran a golpear el suelo) que uno no puede sustraerse y termina cediendo a la tentación.
Y la tentación me conduce hoy a destacar un pensamiento particularmente profundo de esa "extensa y fundamentada" carta pública con que una vieja marioneta del golpismo patrio (que de todo hay en nuestro circo) se atreve, precisamente él, a pedir el refrendo del pueblo a la vez que se afana en recordarnos la condición de cobardes que llevaríamos puesta encima de por vida si consentimos (¡y dale la burra al trigo!) que nos rompan nuestra España.
Se pregunta Tejero, avispado pensador:
¿Acaso nos creen aún más borregos de lo que somos?
Lo ha dicho él. Mejor, lo ha escrito. Lo que da mayor firmeza, si cabe, pues al escribir siempre le precede más reflexión que al hablar, a ese reconocimiento de sí mismo como un borrego, aunque sea dentro de ese torpe intento de despertar nuestro orgullo dormido y lanzarnos como los fieros españoles que somos contra los enemigos de la patria.
Y no sólo a los españoles convoca, que también invoca a Dios para que ilumine al "Rey de las Españas" y le lleve a comandar la cruzada que nos devuelva a la cordura. Aquí he de reconocer que ya me pierdo, pues no sé a qué rey se refiere. El que ahora encabeza la nación sólo reina en una España, la misma que como "Una" reclama Tejero que permanezca (lo de grande y libre se lo suponemos). ¿Será que se ha agravado la demencia de este hombre y se cree en los tiempos de la España Imperial?
Seguramente sea esto último, vive en un tiempo pasado. De otra forma no se entiende que se dirija a ese Dios trasnochado que premiaba o demandaba a los mortales, según virtudes o deméritos, rogándole "que confunda a aquellos que entregan a la patria por 30 votos y quizás por algo aún más vergonzoso".
¿Por qué les gustará tanto el melodrama a estos salvapatrias de opereta?
No es de extrañar que se declare borrego quien añora un dictador que le maneje. Ni que piense que lo son quienes necesitan de un líder que les guíe cual pastor conduce a su rebaño, pues imagino que a ellos, a esos españoles de casta y honor probados, es a los que engloba en ese conjunto de borregos que no lo son tanto, llamados por él a rebelarse contra la traición a nuestra patria. También tienen éstos una figura que añorar, un pastor al que parece que no le importaría regresar y volver a tratarnos como si fuéramos ganado lanar.
Y quizá hasta lo intente, porque Mariano más bien parece andarse últimamente por los cerros, pastoreando cabras, y no da muestras de querer abandonar el monte por el momento.
Aunque debería ir pensando en descender, porque... ¡le están saliendo unos amigos por esos parajes...!

Soy quien soy, pero sólo a ratos.

César Calderón dijo
Te ha quedao como pa una exposicion.
:)
27 Enero 2006 | 05:33 PM