Al mal tiempo buena cara
Reflexiona Álvaro en un post de hoy mismo acerca de la soledad y la conveniencia de asumirla sin dramatismos, de enfrentarnos a ella desde la aceptación de nosotros mismos, entendiéndola como una condición que acompaña a nuestro existir de manera irremediable, sin que nada podamos hacer cuando irrumpe en nuestras vidas para instalarse en ellas sin habernos pedido permiso ni parecer.
Casi estoy por darle la razón, pues ante la soledad impuesta, que la voluntaria suele ser Gloria en la Tierra, a menudo tendemos a teñir artificialmente de negro todo lo que intenta vislumbrar nuestro entendimiento, y la razón se desacomoda y pugna por abandonarnos a la vista del poco caso que le hacemos.
Son momentos en los que cualquier posible remedio para esa situación es bien recibido:
"Por mi parte creo en el amor y en la posibilidad de encontrar una persona con la cual convivir serenamente. Pero cuando se fracasa en ese propósito no creo que deba uno dejarse llevar por la desilusión, sino por una mejor comprensión por la otredad de los demás y las limitaciones de uno mismo. Es allí donde he ido descubriendo el valor de la autoironía.
Porque nos ilusionamos mucho y eso también es parte de nuestra condición humana. Lo duro es que muchas veces las ilusiones traen consecuencias funestas y dolor. Pero con el tiempo uno descubre que la situación es cómica también. Entonces hay que reirse con la parte cómica del asunto.
En suma y como no podemos dejar de ilusionarnos, lo mejor es disfrutar las ilusiones cuando nos brindan consuelo y, por medio de la autoironía, conjurar el dolor cuando se convierten en desilusiones dejandonos solos y a veces desnudos y frágiles."
No es siempre tarea tan sencilla, no obstante, mantener la serenidad y el raciocinio necesarios para no dejarnos seducir por el desánimo cuando la soledad nos abraza firmemente, sin intención de soltarnos. Su abrazo nunca puede reemplazar a aquel otro que su presencia nos recuerda constantemente como ya definitivamente perdido.
Y nuestro pensamiento, aún fortificado tras la ironía, suele tener querencia a aquellos momentos mejores que ya no volverán.
Un aviso en este punto para esos amables amigos y lectores que cada vez que toco estos temas del sentir acuden solícitos a ofrecerme consuelo y apoyo: estoy magnificamente bien. Palabrita del Niño Jesús. ;)
Y una recomendación sincera. No dejen de visitar Ojo al Texto. Es uno de esos blogs que felizmente nos recuerdan que en la Tierra aún existe vida inteligente y emocional en grado positivo. Así, las dos juntitas y bien avenidas, algo que cada vez va siendo más raro de encontrar.

Soy quien soy, pero sólo a ratos.

PetiteDiablessa dijo
No... si yo no doy consuelo, yo latigo para que reaccionen jajaja
Sólo una cosa te voy a decir :P
El día que digas "No te necesito para ser feliz" y te la pasas bien sin que esté un o una segund@ individuo, entonces hasta buscarás la soledad bien gustito ;)
22 Enero 2006 | 06:29 PM