Niños soldado en Guantánamo
Mientras hay quienes aún se entretienen en discutir que si Cuba sí, que si Cuba no (la Cuba de Fidel, se entiende), como si en eso nos fuera el futuro de la Humanidad toda (y mientras tanto China nos engulle poco a poco), en un rincón de esa isla caribeña y en nombre de la Democracia con mayúsculas se están cometiendo a diario, desde hace ya cuatro años, tropelías que debieran sonrojarnos a todos por no denunciarlas tan alto, tan claro y tan a menudo como debiéramos.
Porque lo grave de esa situación, la de los detenidos en Guántanamo, es precisamente que sea un gobierno democrático, el de la primera democracia del mundo según ellos mismos alardean, y que se dice combatiente en nombre de la justicia y contra el terror, el que use este terror contra esos detenidos, sin concederles el trato que los valores democráticos que mantienen defender reclamarían.
Un caso especialmente lacerante es el de los detenidos menores de edad, en un número que el Pentágono se niega a desvelar, que deberían ser asistidos para su desmovilización y rehabilitación según un tratado internacional para la actuación con los niños soldado que el propio gobierno estadounidense ratificó en el 2002. Contrariamente a esto, hay casos como el del joven de la foto, Omar Khadr, detenido bajo la acusación de matar a un soldado estadounidense en el año 2002, cuando contaba 15 años de edad, al que el Pentágono rechaza considerar como menor de edad y cuyos abogados vienen denunciado repetidamente las torturas a que ha sido sometido.
No hay justicia posible en la venganza, ni se puede llamar justo quien la ejerce, por más razones que tenga para desearla. Y aunque a veces sea humanamente comprensible el deseo personal de llevarla a cabo nunca hay justificación cuando es un gobierno quien la practica.
El comportamiento para con los detenidos en Guantánamo no sólo ensucia el nombre del Pentágono, promotor y encubridor del terror allí ejercido, sino también el de la democracia, bajo cuyos auspicios se cometen las torturas, como sistema garante de la justicia.
Aunque dudo que a George W., a quien le podemos escribir aunque sólo sea para desahogarnos, le importe mucho eso de la justicia. Ya lo demostró como gobernador de Texas con su afición a la pena de muerte, otra lacra de la democracia estadounidense que tampoco criticamos con la frecuencia con que nos entretenemos en eso de si Cuba sí, si Cuba no.

Soy quien soy, pero sólo a ratos.

donpelayo dijo
lo triste es que ese supuesto terrorista quizás no lo sea si no en acto de legitima defensa ante una guerra se defendió matando a ese soldado, por lo cual no sólo le ampararían los derechos de los menores si no los de prisioneros de guerra, pero quien hace la ley hace la trampa y hace lo que quiere.
13 Enero 2006 | 11:18 AM