El sentir castrense
Hay ocasiones en las que es inevitable pensar que nos están pretendiendo tomar el pelo. O que nos toman directamente por imbéciles, sin mucho disimulo.
Eso pensé ayer por la mañana mientras escuchaba en La Mirada Crítica de Informativos Telecinco las razones que Ángel Acebes, el hombre sin sonrisa, argüía en defensa de las acusaciones vertidas sobre su partido tras la tibia condena al polémico discurso del teniente general José Mena Aguado (básicamente, que existe una conspiración promovida desde Moncloa para culpar de todo al PP). Y también poco después, en el mismo espacio, cuando Melchor Miralles recordaba una y otra vez la carta publicada en La Razón en apoyo a Mena, firmada por 50 de sus compañeros, e insistía en asegurar que el descontento está más extendido dentro del ejército. Y de nuevo, ya más tarde, cuando leí la dichosa carta de apoyo, en la que se dice que las palabras del teniente general "son un fiel reflejo de la opinión, la inquietud y el sentir de muchos de los mandos y subordinados de las unidades a sus órdenes".
De lo que se trata, por lo visto, es de que hay mandos militares, muchos o pocos, descontentos con algunas decisiones políticas adoptadas mediante el preceptivo procedimiento parlamentario. Pues vale, ¿y qué? A mí, como ciudadano, me importan poco las opiniones políticas de los militares, que, ciudadanos como yo, podrán expresarlas en las urnas en su momento. Mientras tanto, sólo les resta servir y callar. O cambiar de oficio.
Pretender a estas alturas que el sentir de los militares marque el rumbo de la política española sólo puede sonar a chiste o a amenaza. Y no creo que el general Mena estuviera de broma el otro día. Lo que dijo sólo tiene una interpretación posible, por más que ahora se quiera venir a justificar con excusas tan ridículas como que sólo estaba leyendo la Constitución:
"Afortunadamente, la Constitución marca una serie de límites infranqueables para cualquier Estatuto de Autonomía. De ahí mi mensaje de tranquilidad. Pero, si esos límites fuesen sobrepasados, lo cual en estos momentos afortunadamente parece impensable, sería de aplicación el articulo 8º de la Constitución: "Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército de Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad y el ordenamiento constitucional."
Si, según sus mismas palabras, en estos momentos parece impensable el panorama del que viene el general a advertir, ¿a cuento de qué lo hace? Es más, ¿quién es él para advertir a nadie de nada en lo tocante a la política española?
Ese ordenamiento constitucional que parece servir al general, y a los que aprovechan el río revuelto para atacar al gobierno, de justificación para una eventual intervención del ejército, dice también en quién reside la soberanía y al servicio de quién ha de estar el ejército. Y no da, en ningún caso, autonomía al estamento militar para tomar decisiones sobre cuándo y por qué han de actuar nuestras tropas.
Si los militares quieren dar a conocer su descontento a sus superiores tienen sus cauces reglamentarios para hacerlo, y no es un discurso público el vehículo más adecuado para ello. Si lo que pretenden es hacer llegar su preocupación a la sociedad en general, se están inmiscuyendo en asuntos, los políticos, que como militares no les conciernen y sobre los que nada deben decir.
Se mire como se mire, la salida de tiesto del general Mena no tiene justificación posible. Y por cuanto se ha hecho a espaldas y sin el consentimiento de sus mandos superiores, supone indisciplina. Y traición en cuanto al juramento dado que él mismo recuerda. Guardar la Constitución implica aceptar sin reservas las decisiones del Parlamento, que son, por delegación, las del pueblo español. Cualquier otra cosa es subversión o golpismo, sin matices.
Quizá sea que nuestros generales no quieren enterarse aún de esto:
"Finalmente, pensamos que crearía más alarma social que la, supuestamente, originada por las palabras de nuestro compañero, el hecho de que la sociedad española llegara al deplorable convencimiento de que sus Fuerzas Armadas están al margen de estas preocupaciones, miran para otro lado y no tienen opinión formada al respecto."
No sé si hay algo que pueda crear más alarma social en España que la insinuación de una posible intervención del ejército dentro de nuestro propio territorio para "corregir" decisiones políticas. La memoria histórica nos dice que ante eso debemos alarmarnos, y mucho. Y también nos dice que los militares, en cuestiones políticas, como mejor están es callados.
Y si no saben estarlo, que se retiren y dejen paso a aquellos militares que sí conocen el significado del término democracia. Que también los hay.

Soy quien soy, pero sólo a ratos.

Feeer dijo
Absolutamente de acuerdo en todos los términos en los que te expresas. De todas formas, a mi expresiones entresacadas del dichoso parrafito de "...De ahí mi mensaje de tranquilidad...", aún me producen urticaria, como si el General Mena nos estuviese perdonando la vida o algo así, en caso de que se hiciera algo que al señor no le viniese bien, como diría mi abuela.
La primera obligación de un militar no es la de luchar por su país, que también, sino la de obedecer. Si alguien no tiene aún claro cuál ha sido la causa del arresto del General Mena, está bien clara: ha desobedecido conscientemente la obligación de guardar silencio como militar sobre temas que no son de su incumbencia. Punto.
Saludos.
11 Enero 2006 | 08:02 AM