El contrato editorial
Enrique Mateu es músico. Y edita un blog, que conozco por BandaAncha, del que hoy me atrevo a fusilar parte de un post que no tiene desperdicio: CD o no CD, esta es la cuestión. En él, no sin sentido del humor (que si no estas cosas atragantan mucho), habla sobre los términos en que se firman los contratos discográficos entre los artistas y esas compañías que aún se atreven a llamarnos piratas.
Aquí va el adelanto:
Bien, ya tenemos al artista (el grupo de cinco amigos que hacen música), tenemos la obra (12 temas que han compuesto más o menos entre todos), tenemos también la compañía discográfica que ha ofrecido el contrato leonino y... falta todavía un detalle: el famoso contrato editorial.
El grupo dice: «¿ein?».
Y la compañía discográfica explica lo que es un contrato editorial:
- La industria de la música es un entramado muy complejo y necesitamos motivar determinados elementos de la escala de valor para conseguir ciertos favores...
El grupo dice de nuevo: «¿ein?».
Y el AR (director artístico de la empresa) carraspea y explica que:
- ...el grupo, si quiere grabar, tiene que, además, firmar otro contrato mediante el cual ceden no solo la interpretación de su propia música fijada en el soporte sino que además ceden el 50% de los derechos de autor que genere esa música durante 75 años después de la muerte de ellos.
Llegados a este punto, el batería del grupo, al que todos tienen por “chunda chunda” pero que al final resulta que es el más espabilado de todos, dice que tiene tres preguntas:
- ¿Quiere decir que si firmamos contrato editorial cada vez que nosotros toquemos un tema nuestro en directo ustedes ganarán el 50% de los derechos de autor, aunque el disco esté ya descatalogado?
- ¿Y quiere decir también que nosotros perdemos toda potestad sobre nuestra obra siendo ustedes, desde el momento de la firma, los que deciden si la música del grupo se puede mutilar, versionar a reggaeton o ponerla del revés?
- ¿Podría darse el caso que ustedes no nos dieran permiso para tocar nuestra música?
Entonces el AR mira amablemente al entrañable “batera” del grupo y decide, en su fuero interno, que a este chaval hay que echarlo del grupo como sea porque es el “conflictivo”. Esto lo piensa mientras le contesta que efectivamente es así pero que tiene una razón de ser (¡huy!, “razón de ser” otra antonomasia que me ha salido sin querer):
- Para que el disco suene en medios de comunicación tenemos que llegar a acuerdos y lo que se hace en estos casos es dar un porcentaje de los derechos de autor a determinados medios para que los singles puedan entrar en listas y así la canción podrá ser un éxito. Por eso pedimos nosotros un contrato editorial que nos permitirá negociar en el futuro con las editoriales de las radios y las televisiones determinados porcentajes o proceder a pagos mediante viajes, fiestas, contratando publicidad, regalos o cheques regalo si llega a hacer falta...
El batería, con sus 18 años recién cumplidos, tiene una idea de la música absolutamente idílica. En parte se metió en esto porque pensaba que la música era un ambiente “guapo” con gente “guay” y tal y tal...
«Pero esto es una especie de soborno y encima con nuestro trabajo del directo que nada tiene que ver ni con el disco ni con las radios...», dice el batería ya muy indignado mientras los demás lo miran como diciendo “y no te callarás, no”.
El AR se limita a decirle: «bueno, esto de la industria de la música es así, es lo que hay. Eres tú el que tiene que decidir si te apetece seguir adelante con esto o no». Y girando hacia el resto del grupo les dice: «¿vosotros como lo veis? ¿Seguimos adelante o no llegaremos a un acuerdo?»
El desenlace de esta apasionante historia de corrupciones y chantajes en el blog de Enrique Mateu.
Por cierto, y al hilo de estas cuestiones de los "defensores de la cultura", leo en 20Minutos que cierra la última empresa española de fabricación de CDs vírgenes, según fuentes sindicales y de la empresa como consecuencia del canon impuesto por la SGAE.
Muchas felicidades a la SGAE (que culpará de ese cierre a la piratería, como si lo estuviera oyendo ya), a los sufridos autores (a los que robamos el pan de sus niños), a la Sra. Ministra de Cultura (tan comprensiva ella con los pobres artistas), al Gobierno de España (que en estas cuestiones prefiere el progresismo decimonónico), al PP (que ahora dice que no, pero cuando tenía que haberlo dicho no dijo ni mú) y a todos los que, porque son así de malvados o sus cabecitas no les dan para más, apoyan medidas injustas e ilegales como ese ignominioso canon que está enriqueciendo a unos pocos a base de robar descaradamente a la mayoría.
Seguro que las familias de esos nuevos trabajadores en paro tendrán a todos ellos presentes en sus oraciones.

Soy quien soy, pero sólo a ratos.

Cesar Calderon dijo
Claro, y despues es el Top-Manta el que se esta cargando la musica de nuestro pais.
Manda cajones
10 Enero 2006 | 12:44 PM