Atrapados en su propia red
Desde que comenzó a vislumbrarse que el PP iba a adoptar esa estrategia de tensión permanente, forzando los argumentos y rozando con frecuencia (traspasando incluso, creo yo) los límites de lo recomendable en democracia, he tenido la sensación de que esa red de oprobio que pretendían lanzar contra el gobierno del PSOE podía terminar envolviéndoles a ellos mismos. Uno, a fuerza de insistir sin medida, termina siendo esclavo de lo que dice y de lo que hace. Y siempre se corre el riesgo de llegar a ese punto donde ya no hay vuelta atrás posible.
Un partido principal, que ha gobernado y tiene posibilidades de hacerlo de nuevo en el futuro, no puede comportarse con la irresponsabilidad que representa el no pararse en medios ni maneras con tal de desgastar al contrario, hasta el punto de permitir que la propia democracia se resienta.
El político no es sólo un gestor, como interesadamente se proponía desde el propio PP hace unos años, sino también un modelo para la sociedad a la que sirve. Sus opiniones, sus comportamientos, ayudan a conformar el criterio y el modo de actuar de muchos ciudadanos, que sienten como legítimo su proceder si éste se ve avalado por el de sus representantes. Deben éstos, por tanto, conducirse sin perder de vista esa condición de modelo social, de ejemplos vivos de respeto a las normas del juego democrático y valedores de las virtudes de la noble diplomacia. Hacerlo, en definitiva, consecuentemente con la responsabilidad moral que su posición social conlleva.
Cada vez que un partido que ha tenido responsabilidades de gobierno defiende o justifica actitudes que, aunque quizá beneficiosas para sus intereses, ponen en cuestión el orden establecido o los principios y modos democráticos, está dando carta de legitimidad a quienes desearían pervertir o subvertir el sistema. El PP lo viene haciendo a diario desde hace ya demasiado tiempo, permitiendo que los partidarios de la subversión se crezcan, envalentonen y lanzen sin pudor sus consignas antidemocráticas en conversaciones privadas, espacios mediáticos, homilías eclesiásticas y arengas militares. Pretender cargar también al gobierno del PSOE con la culpa exclusiva de esta situación no es mas que incidir en esa infame estrategia de desgaste que sólo muestra el cinismo irresponsable de aquellos que la promueven.
Quienes desde la representación política no levantan firme y clara su voz contra el ruido de sables están jugando con el mandato de la soberanía popular. Es la última prueba, quizá la más clara y preocupante, del sacrificio de los valores democráticos en pos de las obsesivas aspiraciones de poder de los altos mandos de un partido.
Llegados a estos extremos, el punto de no retroceso está cercano. Las oportunidades de rectificación del rumbo son cada vez más escasas. Y una vez traspasado ese punto, la red de ignominia que han ido tejiendo sin descanso caerá sobre ellos y los atrapará.
De no ser así, que Tutatis nos coja confesados. Significará que el cielo se ha desplomado definitivamente sobre nuestras cabezas.

Soy quien soy, pero sólo a ratos.

Cesar Calderon dijo
Que gran analisis, Jacinto.
8 Enero 2006 | 10:08 PM