Está consiguiendo ese asunto del "estatut" que unos y otros saquemos a pasear los tesoros mejor escondidos en un rincón de nuestras memorias y las bocas y las plumas den fe pública de nuestras pasiones más secretas. Y claro, entre tanto apasionamiento y liberación (que la supone, y mucho, recobrar el yo inconfesable y dejar que se manifieste de nuevo), la razón se pone a bailar el twist, la yenka, un patriótico pasodoble o el aburguesado kasachok de Georgie Dann, según gustos, filiaciones y estado óseo general.
Y se dicen cosas y más cosas, sin reparar en el absurdo que puedan representar, con el único afán aparente de acumular argumentos contra la causa ajena, que no tanto en pro de la propia, e ir cubriendo de descrédito y deshonra al enemigo. Argumentos muchos de los cuales son verdaderamente mágicos, pues parecen sacados no tanto de la cabeza sino de la chistera que la cubre, no vaya a ser que el sol perjudique la impagable labor de mentes tan privilegiadas.
El último de esos argumentos de que he tenido noticia involucra a los dominios de internet en la disputa patriótica que últimamente nos ocupa:

"Si aceptamos el concepto de catalanofobia, parece justo bautizar como españofobia un conjunto de prácticas muy correctas en determinados cenáculos progres. Observar con desdén o criticar el despliegue de la bandera en un lugar público, charlar mientras suena el himno nacional, despreciar a nuestras FF AA bajo la sublimación de un supuesto pacifismo, o la obsesión por utilizar extensiones tipo punto com, punto net o punto edu con tal de no escribir punto es son algunas muestras de esta patología."

Quien tan patriótico interés muestra por los dominios en un artículo del Diario de Sevilla es Julio Ponce Alberca, profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de la capital andaluza. Ignoro cómo habrá llegado a semejante conclusión o si es que acaso espías infiltrados en los cenáculos progres le han informado de ese diabólico complot contra el dominio territorial patrio. Pero curiosa, al menos, sí que resulta esa teoría. Tan curiosa como encontrar a alguien que en España quiera contratar un dominio punto edu. Pero, en fin, eso es lo que tiene el sacarse los argumentos de la chistera.
Yo sólo puedo asegurarle, por mi dedicación al diseño web y en los cerca de seis años que en eso ando, que no ha habido persona alguna que en todo ese tiempo me haya preguntado interesándose por los dominios punto es y no haya terminado contratando cualquiera de los "españofóbicos". Aunque la razón de tales decisiones, me temo, era siempre más prosaica: el dominio territorial español costaba tres veces más que los otros.
Lo que ya no sé, profesor, es cómo explicar ahora a algunas de esas personas, de pública y notoria filiación Popular, que su preocupación por el ahorro les puede haber llevado a contraer españofobia.
No me van a tomar en serio. Ni siquiera ellos. Y no me extrañará lo más mínimo.