Piénsalo
Anteayer me contaba un amigo que había recibido un par de mensajes SMS del último "pásalo" de moda. Uno, con la consabida consigna del boicot a los productos catalanes. El otro, con un chiste de dudoso gusto y escasa gracia que sólo pretendía ridiculizar al presidente Rodríguez Zapatero. Los remitentes de los mensajes eran parientes de su mujer por vía paterna, miembros de un clan de derechas "de toda la vida" con cierta relevancia social (hoy más añorada que real) en este rincón de la España rural en el que los nombres de las calles aún conmemoran a los héroes de la ignominia y en algún hogar aún luce, presidiendo el salón, el retrato del caudillo salvador, azote de masones y carbonarios, rojos y ateos, vagos y maleantes.
Se preguntaba mi amigo por qué les mandan esos mensajes, o por qué les presuponen afines a ciertas causas. Ni él ni su mujer tienen afinidades políticas conocidas, pero en la España profunda no se concibe que alguien se desvíe de la línea tradicional del pensamiento familiar. En este caso, el ser de la derecha más patriótica y el catolicismo más militante. En otros, como el de otro amigo que se presentó a las últimas elecciones en la lista del PP, el pecado era el contrario, pertenecer a una familia tradicionalmente de izquierdas y haberse pasado a la derecha.
Bien es verdad que, aunque esa norma de seguir la línea familiar no se restringe a una sola ideología, los casos más sangrantes de ruptura familiar por ese motivo, entre los que conozco personalmente, son todos de familias de derechas que no han perdonado el que uno de sus miembros traicione los sagrados principios que ordena respetar la tradición.
Y ése el es verdadero problema, el carácter dogmático con que se revisten algunas ideas y la inmovilidad que esos dogmas ideológicos dictan. Por esto hay quienes no conciben la diversidad como alternativa. No puede existir. Sólo hay un Dios, sólo una Patria, sólo un Líder. Y a estos principios consagran muchos su existencia, en la firme creencia de que la razón les asiste sin ningún género de dudas. Las cosas son así, siempre lo han sido. Como debe de ser. Como Dios manda.
El "pásalo" que representaba hasta hace poco el despertar de la sociedad civil parece haberse convertido en el mejor exponente de la idiotez civil, del adocenamiento más irreflexivo. Los argumentos brillan por su ausencia, dando paso a la consigna de obligado cumplimiento, a la burla soez, al yo diluido entre la masa amorfa. Si algo tenía sentido en el "pásalo" era que implicaba un "piénsalo". No era una orden, sino una sugerencia, una invitación a la reflexión y a la acción que de ella se pudiera derivar.
Ahora que este sentido parece haber muerto quizá debiéramos desterrar también la expresión "pásalo" y sustituirla definitivamente por el "piénsalo" que se adecúa mejor a nuestra idiosincrasia.
Además, este nuevo lema evitaría que unos y otros pudiéramos ser confundidos. Los del nuevo "pásalo" no podrían jamás utilizar el "piénsalo". Raramente manejan argumentos.

Soy quien soy, pero sólo a ratos.

Fernando dijo
Nunca he creido que el swarming agite conciencias. Lo único que
hace es polarizar y unir las fuerzas de los que anteriormente ya
pensaban de una manera, pero que no sabían como unirse. Me parece
demasiado optimista el pensar que antes se trataba de un
"píensalo", y ahora se ha perdido. No, se trata sólamente de un
medio de difusión en cadena en el que cada eslabón decide si
continúa amplificando la cadena o no. Puede ser positivo porque
teóricamente sólo los mensajes que tengan apoyo prosperarán (pura
selección natural), y hasta ahora se ha considerado así porque
estábamos de acuerdo con el mensaje. Pero el medio es diferente del
mensaje. Funcionará si a una mayoría le gusta, aunque sea injusto o
no nos guste. Entra en juego la pericia de márketing del que diseñe
el mensaje. Sólo eso.
28 Octubre 2005 | 10:18 PM