Maneras de perder el tiempo
Concluye Juan José Millás un artículo en Levante diciendo que "lo que no puede ser no puede ser y además es imposible". A pesar de ser una frase hecha, quizá debiera haberla dividido en dos poniendo un punto después del segundo "ser", o una coma cuando menos, con el objeto de provocar esa breve pausa en la lectura que acentúe el énfasis de la redundante conclusión final: "y además es imposible". Porque de eso es de lo que trata el artículo, de la imposibilidad da hacer al cabo del día tantas cosas como decimos hacer. Vamos, que mentimos más que Pinocho, según el escritor, porque no reconocemos que dedicarnos a leer blogs, gran pérdida de tiempo, nos impide realizar otras actividades más interesantes y provechosas, como emprender la relectura de Ana Karenina.
En primer lugar, elevar lo evidente a la categoría de tema digno de ser abordado en un artículo periodístico, por más que éste lo firme un afamado escritor, no añade misterio ni profundidad intelectual a la evidencia. Que resulta imposible realizar a un tiempo dos actividades que no admiten simultaneidad lo sabe cualquiera. Hasta aquellos a quienes Millás no duda en llamar tontos, ya sean analógicos o digitales. Llegar a tal conclusión es una cuestíón de caracter práctico, que no necesita de un complicado proceso intelectual.
Valga como ejemplo la sana costumbre de pedalear en una bicicleta estática. Cualquiera que se ponga a ello comprobará que, si lo desea, puede ver un programa en la televisión sin que sea necesario que abandone el pedaleo. Algo más complicado le resultará esto último si la actividad paralela elegida es freírse unos huevos y unos chorizos. Y, sin duda, terminará por admitir fácilmente, sin necesidad de mucha reflexión, que le resulta del todo imposible pedalear y vendimiar las viñas de la familia a un mismo tiempo.
Si después de todas estas comprobaciones experimentales el aficionado al ciclismo estático decide relatar sus peripecias en un post de su blog, los lectores obtendremos lo mismo que nos ofrece el artículo de Millás. En ambos casos se nos vendrá a decir que existen actividades que no se pueden realizar de manera simultánea. Algo que, por otra parte, ya sabíamos.
¿Por qué entonces, como sugiere Millás, leer el blog es una pérdida de tiempo y no lo es leer su artículo? Eso es algo que tendría que explicar el escritor. Porque no hace falta ser muy listo, ni analógica ni digitalmente hablando, para comprender que tras el ventajista recurso de acudir a los clásicos (la relectura de Ana Karenina, en este caso) como expresión indiscutible de la cultura con mayúsculas, se esconde una nueva ración de más de lo mismo. Blogs contra medios tradicionales, por enésima vez.
Ya dije hace poco que me parece un debate forzado y baldío, que responde a una serie de intereses nada teóricos. Millás sabrá los suyos. Pero yo sé por qué no me parece una pérdida de tiempo leer los relatos de Gervais o mantenerme informado de la evolución de los acontecimientos tras la desafortunada avalancha que obligó a Álvaro y a su familia a abandonar su hogar y se ha cobrado, además, la vida de alguno de sus vecinos. Y aprovecho la ocasión para mandarle un fuerte abrazo afectuoso desde aquí y pedirle perdón por no habérselo mandado antes, que hubiera sido lo suyo.
Son sólo dos ejemplos, que hay muchos más, de blogs que me parecen interesantes, con independencia de las relaciones de afecto que me puedan unir a sus creadores. Porque es ésta otra característica de los blogs que Millás parece desconocer o prefiere obviar. En ellos se crean conversaciones, que en algunos casos desembocan en amistades, y leer lo que el otro escribe es tanto como conversar con él. Y prestar atención a tu interlocutor, con mucho más motivo si es amigo, nunca ha sido una pérdida de tiempo. Las relaciones humanas raramente lo son.
En cuanto a eso del talento e Internet, poco hay que decir. Yo no conozco personalmente a nadie que se crea más listo que los demás por el simple hecho de escribir en un blog. Y si los hay, no serán muy diferentes de esos escritores que prefieren ser llamados intelectuales y pretenden ser oráculo donde la sociedad encuentre respuesta a sus zozobras. No todo el que se cree más listo que la media ha de serlo necesariamente. Ni en analógico ni en digital.
Los blogs no garantizan un mayor talento de quienes los escriben con respecto a quienes no lo hacen. Sólo están ahí como posibilidad sencilla e inmediata para que cualquiera escriba y publique lo que quiera sin pasar ningún filtro previo, sin que nadie decida si lo escrito muestra el interés o la calidad "necesarios" para ser hecho público. Esto implica, en el caso de la literatura, que un escritor novel con talento puede mostrar al mundo sus creaciones fácilmente. Y que el mundo puede disfrutarlas con la misma facilidad. Porque escribir es un arte, pero también una pasión, una necesidad vital en muchos casos. ¿Es tan malo que la gente pueda hacerlo libremente, señor Millás?
Yo creo que no. Pero de lo que no tengo ninguna duda es de que nadie puede aconsejar a los demás cómo han de perder el tiempo. Por eso el primer enlace de este post, además de por la obligada cita, conduce al artículo de Juan José Millás. Para que cualquiera, si así lo decide libremente, pueda perder el tiempo leyéndolo.

Soy quien soy, pero sólo a ratos.

Cesar dijo
Pues yo, tras varias horas de duro entrenamiento he conseguido andar y comer chicle al mismo tiempo.
Y despues dicen que el ser humano es finito....
26 Septiembre 2005 | 09:49 PM