La gasolina que nos llevó hasta Irak
La pista me la da un artículo de El Semanal Digital, al que llego desde Escolar. Su autor mantiene que los atascos en las carreteras, en el largo puente de primeros de mayo, no fueron casuales, sino producto de un plan premeditado del Gobierno para recaudar más dinero con los impuestos derivados de los carburantes. El plan consistía, sencillamente, en dejar que las carreteras se colapsaran y no actúar para evitarlo (y aquí, aún sin nombrarlos, hace cómplices de la perversa conspiración a los agentes de tráfico), de manera que los conductores se pasaran horas y horas en mitad de las kilométricas colas de automóviles mientras sus vehículos consumían un extra de carburante de cuyo coste total el fisco se embolsa un 65%. El lúcido articulista lo tiene claro: ¡si hasta el precio de la gasolina subió por esas fechas!
La duda me ha asaltado de inmediato. Si Zapatero ha sido capaz de tramar algo así, Aznar (mucho más inteligente, ¡dónde va a parar!) no podía haber sido menos. Al fin y al cabo, desde que yo recuerde los españoles se vienen quejando, con independencia del signo político del gobierno de turno, de que la gasolina siempre sube de precio antes de las vacaciones, cuando todo el mundo va a coger el coche. Esto, por sí sólo, no hubiera representado ningún mérito para el señor Aznar. Es cosa de poco, y su excelencia requería de algo más grande, más elaborado.
Y la gran oportunidad se le presentó como caída del cielo, algo digno de su talla (como político, digo). Mataría, además, dos pájaros de un tiro. No sólo posibilitaría un incremento sin igual en la recaudación de impuestos sobre los carburantes, sino que además vería cumplido el sueño más preciado de cualquier Jefe de Gobierno con verdadero interés en pasar a la historia: participar en una guerra. Irak, su invasión, ése era su regalo.
A una mente privilegiada como la suya no podía escapársele que el precio del petróleo había de subir a raíz de esa guerra, hasta cotas que ni él mismo se atrevía a predecir. Era impredecible también, por lo tanto, lo que en impuestos eso supondría. Pero mucho, sin duda. Y lo que es mejor, no sería culpa suya, sino de un caido dictador que osó amenazar al mundo. El plan era magistral, llenar las arcas y quedar, al mismo tiempo, como salvador de la humanidad.
Cuánto debe haberse reído (o haber llorado) todo este tiempo, viendo cómo a su postura se le atribuían motivaciones simples, vulgares, indignas de su genialidad. Aunque algo le debe consolar ver cómo su sucesor en la Presidencia del Gobierno no le llega ni siquiera a los talones, montando un simple atasco de tráfico para lo mismo que él organizó toda una guerra.
Y es que siempre ha habido categorías. También en la perversión política.
Si alguien se ha creído que cuento en serio todo esto (lo de Aznar, que lo de los atascos es el flipe de otro), por favor, que rebaje la dosis. Comerse los tripis de 7 en 7 nunca ha sido bueno.

Soy quien soy, pero sólo a ratos.

Finchu dijo
Y no pude ser tambien, que la mentalidad conspiratoria de este periodista, sea algo habitual entre ellos?
18 Junio 2005 | 11:39 AM