Verónica, mi sobrina, se ha puesto envidiosilla. Aunque es una envidia sana. Ha visto el cuento de Camila y, ni corta ni perezosa, se ha puesto a escribir el suyo para que su tío, yo, "lo ponga en internet". Tiene 7 años, uno más que Camila, y hemos tenido que negociar el asunto de la corrección de faltas de ortografía, para no ser tramposos. Así que sólo hemos corregido las faltas que ella misma suponía que podían serlo.
Pero, para mi sorpresa, ha habido otra corrección, la de estilo, que ha sugerido ella, por propia iniciativa. Y antes de realizar los cambios me ha consultado:
— Mira, tío, voy a cambiar una cosa. Aquí, donde pone "tenía tanto miedo que temblaba de miedo". Miedo... y luego miedo otra vez, eso no queda bien. Puedo poner "tenía tanto miedo que temblaba de él".
He de reconocer que aquí le he echado una mano, aunque sólo dándole alguna explicación y dejando que ella decidiera después. Pero parece mentira que una niña de 7 años se fije en esas cosas.
Y éste es el resultado final:

Ya ves, Gabriel, lo que te espera dentro de un año. Estas chicas nos van a superar bien pronto.