A raíz de un artículo de Meritxell (así, a secas, porque yo no le encuentro lo gris) resurge una vez más ese asunto de las edades. O de no querer tenerlas.
No sé si mi caso es común o extraordinario, pero estoy muy bien con la que tengo. «¡Claro, no puedes tener otra!», puede que piense alguien. Y llevara razón. Pero sólo en parte. Porque no se trata tanto de aceptar con resignación la edad alcanzada como de no sentir una nostalgia paralizante por las etapas anteriores de la vida.
Casualmente (pues no tenía en mente hablar sobre esta cuestión), hace poco comentaba algo al respecto con mi hermana. La cantidad de proyectos, sueños, anhelos, intereses que me mueven a estar vivo y activo no me dejan tiempo para detenerme en cálculos estériles de tiempos y edades. Pero ese día, no sé muy bien por qué, lo hice. Tomé, de repente, conciencia de mi edad real. Y comprendí algo asustado que gran parte de mis expectativas de futuro se generan en mi mente sin tener en cuenta esa edad, que albergo la esperanza de realizar proyectos imposibles de llevar a cabo o, que de ser viables, quizá llegaran a serlo cuando me encuentre ya en edad de jubilarme.
«¿Soy un loco, un inconsciente, un inmaduro?», pensé. Pero mi hermana, como siempre, disipó de inmediato mis dudas. Si soy feliz con lo que hago, y aún con lo que espero, sin llegar al punto de la ansiedad perniciosa, ¿dónde está el problema de la edad?
No está.
El problema, si acaso, se halla en que me falta tiempo para hacer todo lo que quisiera. Pero esto me lleva a acostarme cada noche sabiendo que tengo cosas que hacer cuando me levante a la mañana siguiente. A saber que amaneceré bien vivo, con las ilusiones intactas.
Así que, por lo menos para mí, hay vida después de los 40. Más relajada que en edades anteriores pero quizá también, en cierto sentido, más plena. Aunque, enlazando con el post de Meritxell, he de reconocer que un chaval, precisamente, no soy. Ya se sabe, la espalda, las rodillas...
¡Ah, se me olvidaba! Tengo 43.

Soy quien soy, pero sólo a ratos.
jacinto, estoy contigo.
dime, como hago para conocer a tu hermana?
Ahora está muy liada la muchacha con sus exámenes, pero le puedo proponer que publique un blog-consultorio para atender casos desesperados. :P
Estoy de acuerdo con tu hermana amiguito. En México tenemos una frase muy sabia:
"Viejos los cerros y aun asi reverdecen"
A parte de todo, tengo entendido que los 40's son los nuevos 20's, asi que estas en la plenitud de tu juventud. ;) Salud!!!
Por otra parte, contestando a tu comentario de hacer mi blog...prefiero leerte, ya te habia dicho que soy un sope para las computadoras, jajaja. :-)
Me ha gustado la frase esa, oye. Y qué bien, no sabía que estuviera en la plenitud. Lo malo es que después de la plenitud empezaré a menguar, como la luna. :D
No, mija, muchas gracias. La verdad es que me has dado buenos ánimos para empezar el lunes. Salud, pero brindando con un cóctel preparado por mi bartender favorita.
Y lo de sope no me lo creo yo mucho. Pero en fin, si no quieres contar tus aventuras qué le vamos a hacer. Fíjate que este sitio, además de ponerlo fácil para publicar, te viene al pelo: La Coctelera.
Lo único que hace viejo a una persona es perder la curiosidad. Lamentablemente veo cada vez mas viejos de 18 de 21 y de 15 , que se las saben todas y me admiro de jóvenes de 83 y de 90 casi justo cuando están por cortarles la luz.
Aquí a ese tipo de jóvenes, e incluso de niños, que hablan ya como si fueran adultos bien maduros, se le dice reviejos. Y es verdad que, desgraciadamente, hay muchos.
Muchas gracias por citarme en tu post. Se ve la frescura que derrochas. De viejo nada de nada.
Un abrazo desde España.
Eso, eso, de viejo nada. :)
Y otro abrazo para ese abrazo. Aunque yo también estoy en España. :P
Viejo es el viento y todavia sopla... La edad es algo cronologico. Hay viejos de 20 y jovenes de 60. Aqui en Venezuela a los de la 3ra edad le decimos juventud prolongada. Todo esta en la mente y en el animo que tengamos para hacer nuevas cosas. Saludos