La historia de mi primer disco
Me tiene que gustar la música. Crecí con ella. Los Salesianos del Paseo de Extremadura la incluyeron en mi educación. Y no era música sacra, clásica o folclórica. Era rock and roll.
El colegio tenía sus propios grupos, bandas de estudiantes que actuaban en el teatro en las fiestas de San Juan Bosco y otras ocasiones señaladas. Fueron mis primeros conciertos. Y hasta en algunas misas, también en días especiales, los encargados de la parte musical eran un grupo (creo recordar que se llamaba La Pantera Rosa) que habitualmente tocaban versiones de temas de los Beatles. Nunca he vuelto a escuchar en una iglesia, durante la celebración de la eucaristía, el sonido conjuntado de una batería, un bajo y dos guitarras eléctricas.
Visto desde ahora, parece casi revolucionario. Eran los últimos años de los 60, primeros de los 70, y Franco estaba bien vivo. Incluso recuerdo con nitidez cómo se suspendieron las clases el día del atentado que mató a Carrero Blanco y la gravedad con que nos insistían en que fuéramos directamente a nuestras casas, sin entreternos por la calle. No, lo de aquel colegio no era normal en aquella época. Ahora lo sé.
Entre mis compañeros había uno, Tomás, que tenía dos hermanos mayores, cada uno con su respectiva banda. El mayor, que tocaba los teclados en su grupo, andaba entonces fascinado con Emerson, Lake & Palmer, si no recuerdo mal. El grupo del otro, mi favorito de entre los del colegio, hacía versiones de la Creedence. Y un día sugerí a Tomás que preguntara a su hermano acerca de qué disco de ellos me podía recomendar. La respuesta llegó pronto, con un matiz que ahora me hace sonreír. Ëse era el disco más recomendable “para mi edad”.
Y así fue como, al poco tiempo, el “Cosmo's Factory” de la Creedence Clearwater Revival se convirtió en mi primer LP. Tenía entonces 11 años y un tocadiscos estéreo de mi padre. Que no era poco.
Aunque aparentemente no tengan relación, ha sido un post de Trashi, sobre Bowie, el que me ha llevado a rememorar aquellos tiempos felices. Gracias, amigo.

Soy quien soy, pero sólo a ratos.
