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La Coctelera

stralunato

lo que no es ni bueno ni malo, sino todo lo contrario

31 Mayo 2005

El anonimato pertinaz

Desde BandaAncha llego a la web de ACAM, donde se informa de que delincuentes informáticos (en negrita en el original) han accedido, mediante un troyano enviado por correo electrónico, a la base de datos de los participantes en las II Jornadas del Foro de las Evidencias Electrónicas. El fin de esta intrusión parece ser el bicoteo de esas Jornadas, pues los intrusos se han dedicado a llamar por teléfono a los asistentes para comunicarles la anulación de los actos previstos. Según José María Anguiano, socio del bufete de abogados Garrigues Walker y Asociados, que organiza el evento, los sabotadores pueden haber realizado entre 250 y 300 llamadas telefónicas.
Ya son llamadas, que cuestan lo suyo. Mucho interés debían tener esos saboteadores en conseguir su objetivo, si han invertido tanto tiempo y dinero en llamaditas. No es ésta mala pista para empezar a buscar a los culpables. Aunque parece ser que el señor Anguiano, siempre según ACAM, ya tiene una teoría: la culpa de la inseguridad la tiene el anonimato pertinaz en Internet.
Curiosa teoría, muy en la línea de argumentación que últimamente sigue ACAM, como hace días mostrara Pedro Farré, cuyo fin último sería recortar las libertades de los ciudadanos, penetrar en su intimidad y controlar hasta su respiración. Aunque ellos no lo cuenten así.
Hasta ahora, las pintorescas ocurrencias y frecuentes salidas de tono de las gentes de SGAE o ACAM no dejaban de tener su gracia, por inverosímiles y disparatadas. Era natural que así fueran, por otra parte. Dificilmente se puede defender la sinrazón con razonamientos lógicos, y hay que acudir a la mentira, el insulto, la descalificación, la manipulación... Pero esta nueva estrategia, centrada en resaltar los peligros del anonimato en Internet, es peligrosa.
Peligrosa, en primer lugar, en cuanto tendenciosa, porque de una premisa real, la inseguridad o el delito en la Red, que todos sufrimos, concluye y propaga una proposición falsa, el carácter tendente al delito de los internautas. Establecida esta tendencia criminal, entra en juego el factor anonimato: si el internauta, delincuente en potencia, se sabe incontrolado, anónimo, delinquirá con toda seguridad. Por eso hay que controlarle.
Peligrosa, también, en cuanto engañosa. El anonimato no es tal, y las detenciones que se realizan en relación con los delitos informáticos así lo atestiguan. O no lo es en mayor medida del que muestra quien a lomos de una motocileta, el rostro oculto bajo el casco, arrebata del tirón el bolso a una señora que pasea tranquilamente por la calle. Por ejemplo.
Es más, yo hace unas horas eliminé una tonelada de “galletitas” de mi ordenador (con un estupendo programa, CCleaner, que he conocido gracias a Miguel Ángel) y puedo asegurar que mi navegación es cualquier cosa menos anónima.
Y peligrosa, finalmente, por cuanto el fin perseguido, el control preventivo, colisiona con nuestra Constitución. Un estado de derecho, ése que tanto invocan los mismos políticos que luego hacen el juego a la SGAE y lanzan campañas infomativas vergonzosas, no puede admitir que se viole la intimidad y se recorten los derechos de cientos de miles de ciudadanos inocentes con la peregrina excusa de que un chaval se ha bajado de la Red una canción del último disco de no qué gran artista o de que unos “delincuentes” han robado una base de datos para bicotear una serie de conferencias.
No es serio. Y se me ocurren muchos delitos bastante más graves, y bastante más perjudiciales para la sociedad en general, para cuya previsión nadie se atreve a proponer medidas restrictoras de los derechos fundamentales de los ciudadanos semejantes a las que se están sugiriendo (o llevando a cabo, como el cobro del canon en los CDs Y DVDs virgenes) para proteger los beneficios económicos de un sector industrial en particular.
Según un portavoz de la SGAE, la intrusión a que me refería al principio “delata el comportamiento bárbaro e irresponsable de algunos internautas”. Claro. Y el historial carcelario de James Brown delata el comportamiento bárbaro e irresponsable de algunos músicos. ¿O será de algunos estadounidenses? ¿O quizá de algunos negros?
Si, como parece, son incapaces de discernir el posible alcance de las cosas que dicen, mejor harían callándose. Y si son conscientes de él, que el gobierno tome medidas. Esta gente es muy peligrosa.

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