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Terra
La Coctelera

Categoría: Right and Left

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A ver si cantado se entiende mejor.
He visto la referencia a este video en el blog de Enrique Mateu.

Atrapados por la ley

Un cineasta independiente rueda un documental en EE.UU. O eso pretende, porque pronto comprueba cómo las leyes sobre propiedad intelectual comienzan a poner obstáculos en su camino. El sueño inicial, su sueño, deviene pesadilla.
Para evitar en lo posible esas pesadillas y que los cineastas independientes sepan a lo que se enfrentan se ha publicado Bound By Law, un cómic sobre la propiedad intelectual y sus peligros.
Y que también se puede leer online o descargar, en diferentes formatos.
Lo he visto en Social Design Notes.

Pirata sí, Pirata no

Este es el cartel de una educativa campaña publicitaria de la estadounidense Consumer Electronics Association (CEA).
Parece que la industria de la electrónica de consumo de aquel país tiene claro lo que es un pirata y lo que no lo es. Ahora sólo hace falta que descubran la diferencia los corsarios con patente otorgada por otra industria que se empeñan en hacernos pasar a todos por piratas.
Aunque me parece a mí que ya la conocen de sobra. Aunque digan lo contrario, los muy perillanes.
He sabido de esta campaña en Otro Blog Más.

Artistas canadienses contra los DRM

No sé cómo verán este tipo de iniciativas esos artistas de otros lares -y pienso en España, claro- que las más de las veces, cuando hablan sobre esos asuntos de la propiedad intelectual y los derechos de copia, no parecen sino meros portavoces del discurso que desde estamentos que dicen defenderles se les dicta, en lugar de seres con un pensamiento autónomo, con propia capacidad de criterio. No ya por lo que defiendan, que libres son, sino por los términos en que lo hacen. Todos dicen los mismo. Así que o es eso, que sólo actúan de correveidiles, o es que todos piensan de manera sospechosamente idéntica. No sé qué será peor.
La iniciativa de los músicos canadienses -entre los que se encuentran Barenaked Ladies, Avril Lavigne o Sarah McLachlan-, agrupados en la Canadian Music Creators Coalition (CMCC), viene a declarar, en cartas abiertas a su gobierno y otros documentos, su desacuerdo con la actual política represiva de la gran industria de la música y el empleo de dispositivos anticopia como los DRM. Una postura que argumentan en tres puntos fundamentales:

  1. Demandar a los fans es destructivo e hipócrita.
  2. Los sistemas de bloqueo digital son peligrosos y contraproducentes.
  3. La política cultural del gobierno debería apoyar a los artistas canadienses.

Claro que, ante este último punto, siempre habrá quién salga con aquello del proteccionismo. El gran pecado de esta nueva era global.
Supongo que es mejor, como también denuncia la CMCC, que nos sigan pretendiendo cobrar varias veces por lo mismo. Eso debe ser políticamente mucho más correcto.
He conocido esta noticia en AgoraVox.

Sociedades de Gestión y Democracia

Hoy tocaba jazz. Y Diana Krall canta ahora "Stop This World" en Jazz Radio FM Chicago.
Ya lo he dicho otras veces. La radio en Internet, con su oferta de emisoras de todo el mundo (no podía creerlo el otro día cuando en SouthCast vi que se podía sintonizar la Cadena del Water), muchas de ellas especializadas en estilos o épocas concretas, hace que cada vez sea más raro que me dé por escuchar el CD de algún grupo o cantante en concreto.
No es música a la carta, pero casi. Y quizá no tarde mucho en serlo. De hecho, ya existen emisoras dedicadas en exclusiva a algunos grupos. Sobre todo a los Beatles, como no podía ser de otra forma.
No sé si esto -o la venta de música por Internet- repercutirá en el negocio de la venta de discos. Pero plantea nuevos escenarios a las Sociedades de Gestión de Derechos de Autor, que querrán gravar con sus cánones -ya quieren- todo aparato, artilugio o sistema de transmisión de datos que intervengan en el proceso de reproducción de esa música que las radios nos traen a través de Internet.
Su lastimoso discurso convence por el momento -¿compra? ¿chantajea?- a nuestros gobernantes. Pero el funcionamiento de esas sociedades para con sus propios asociados, para con la mayoría de ellos, deja mucho que desear a la hora del reparto de los beneficios derivados de su labor recaudadora. Sólo unos pocos, una élite, tienen voz y se benefician de las rentas que producen esos derechos. Aunque, incomprensiblemente, afiliarse a entidades como la SGAE no es una opción, sino una obligación. Por activa o por pasiva.
Nada de justo ni democrático hay en su sistema, que además sirve a un monopolio de hecho, con lo que de perjudicial eso conlleva para el común de los ciudadanos. ¿Por qué nuestros gobernantes les siguen concediendo su apoyo y su beneplácito?
Ése es uno de los grandes misterios de nuestra Democracia.

El monopolio de las gestoras de derechos de autor

Han tardado un poco, pero parece que al fin las autoridades europeas se han dado cuenta de que las sociedades de gestión de los derechos de autor de los diferentes países de la UE, en España la SGAE, practican un monopolio de hecho que las lleva a controlar el mercado a su antojo.
Por eso la Comisión Europea ha anunciado que abrirá un procedimiento de infracción contra esas sociedades, a las que acusa de llevar a cabo prácticas monopolísticas contrarias a la competencia.
Nunca es tarde si la dicha es buena. Ahora sólo falta que nuestros gobernantes (pasados, presentes y futuros) se den por enterados y dejen de favorecer con su respaldo incondicional esas prácticas. La SGAE no representa a la Cultura con mayúsculas, ni por asomo, sino que defiende un negocio en el que, como ahora se señala desde Europa, no quieren que nadie más meta la mano.
A ver si va a resultar que tanta historia con que se nos muere la Cultura es como eso de que se nos rompe España, un señuelo para atraer a los incautos y hacerles comulgar con ruedas de molino.
¿Será eso?

Despedida por hacer uso de su libertad

De su libertad de expresión, claro.
Inga Chernyak es una joven universitaria y actual presidenta del capítulo neoyorquino de Free Culture, actividades que combinaba con su empleo en un bufete de abogados de mediana envergadura hasta que el pasado 26 de enero le comunicaron su despido.
Solicitadas por Inga las razones de tal despido, le fue mostrado el artículo que días antes había publicado The Village Voice, titulado Code Warriors, en el que Inga y Fred Benenson (cofundador de la sección de Free Culture en Nueva York, con ella en la foto) exponían como representantes de ese movimiento por la cultura libre su parecer acerca de las leyes de copyright o el uso de dispositivos DRM.
Sus puntos de vista, dijeron a Inga, eran incompatibles con la actividad del bufete. O, dicho de otra forma, no podían tenerla contratada por sus opiniones contrarias al copyright.
Hay quien opina que está ese despacho de abogados en su derecho de despedir a alguien cuyas opiniones personales pueden resultar contrarias a la filosofía y modelo de negocio de los clientes del bufete. Algo discutible, a efectos prácticos, si como en este caso esas opiniones no habían supuesto mayor problema para el desarrollo de sus funciones laborales hasta que fueron hechas públicas y, con ellas, lo fue también la condición de Inga como activista destacada en la defensa de la cultura libre.
Resulta contradictorio que en un país donde, cobijado bajo el paraguas protector de la libertad de expresión que defiende la Primera Enmienda a la Constitución, puede el racista progenitor de las gemelas Gaede registrar oficialmente la esvástica nazi como divisa de su ganado o disfrutar libremente de un concierto en el que sus hijas entonan vítores gloriosos a un antiguo gerifalte nazi o himnos de hermanamiento con sus queridos compañeros del Ku Klux Klan, no se pueda declarar libremente que se está en desacuerdo con el sistema de protección de la propiedad intelectual o las prácticas de una industria determinada sin correr el riesgo de perder por ello el puesto de trabajo.
No es el caso de Inga un hecho excepcional. Ni EE.UU. el único país donde suceden estas cosas, que no está la vieja Europa libre de pecado en eso de que los derechos de los ciudadanos sean pisoteados en favor del capricho de tal o cual industria. Algo falla en nuestro sistema de libertades si no todos los ciudadanos pueden disfrutarlas por igual.
Sólo espero que algún día los grandes medios de comunicación hagan un hueco en algún rincón perdido de una página interior de sus diarios para dar fe de estos otros ataques a esa libertad de expresión de la que ahora se muestran tan convencidos defensores. Porque, por el momento, no parece importarles mucho esta cuestión.
Menos mal que nos queda, como siempre, la blogosfera.

Derechos de autor: ahora, Periódicos vs Buscadores

Leo en Navegante que la Asociación Mundial de Periódicos (WAN) va a estudiar el cobro de los derechos de autor a los buscadores de Internet que "explotan" sus contenidos, iniciativa que suscribre la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE), socia de la WAN.
No sé muy bien a qué se refiere el presidente de la WAN, Gavin O'Reilly, cuando asegura que los buscadores de Internet apuestan cada vez más por ofrecer contenidos de editores y diarios en la Red sin pagar nada a cambio. Si está hablando de servicios como Google News, lo único que hace es permitirnos encontrar diferentes medios que se ocupan de una misma noticia. Pero sólo ofrece enlaces, no los contenidos, de manera que si queremos leer la noticia nos dirige a la web del medio que la haya publicado. No veo yo ahi, por ningún sitio, esa "explotación" de la que se queja Mr. O'Reilly.
Más parece, por sus otras manifestaciones, algunas tan obvias y poco elegantes como que los buscadores no son unos nuevos paladines de tipo Robin Hood ni una nueva especie de benefactores sociales que distribuyen gratuitamente información, sino organizaciones comerciales con fines lucrativos, que a este señor y a sus colegas gerifaltes de la prensa escrita mundial lo que les escuece es que las empresas que hay detrás de los motores de búsqueda sean prósperas y den beneficios a la vez que colaboran en la transformación de los hábitos sociales. En este caso, en la forma de acceder a la información de los usuarios.
Las empresas que hay detrás de los diarios tradicionales (organizaciones comerciales con fines lucrativos, por cierto) ya han demostrado en más de una ocasión que al igual que las empresas del entretenimiento audiovisual son bastante reacias a adaptarse a los tiempos que corren y a los nuevos usos sociales que de Internet se desprenden. Preferirían mejor que los tiempos se adaptarán a sus caprichos y que, al igual que sus diarios online no dejan de ser en muchos casos una simple extensión de sus ediciones en papel, nuestros hábitos lectores continuaran siendo también los mismos. Esto es, que tuviéramos que pagar por leer las noticias en la web, lo que entre otras cosas nos impediría, como podemos hacer ahora, contrastar el tratamiento que unos y otros le dan a una misma noticia.
Parece mentira que quienes además de fines comerciales a menudo buscan otros que tienen mucho que ver con la manipulación de la verdad en defensa de intereses no siempre muy éticos, tengan la desfachatez de argumentar el carácter comercial de los buscadores para justificar la exigencia de una compensación económica que, disfrazada de derechos de autor, más suena a querer una parte del pastel (por aquello de que si no podemos vencer al menos que saquemos algo en claro) o incluso minar la posición de los buscadores.
Sea cual sea el fin oculto de esta artimaña, a mí esa cosa de la "explotación" y los derechos de autor no deja de darme risa. Aparte de los articulistas (que esos son autores, artistas, oiga) no entiendo qué derechos de autor ha de cobrar nadie. Los redactores y reporteros gráficos sólo están haciendo su trabajo. Por él cobran un sueldo y su obligación es hacerlo bien. Como los albañiles, vamos. Y el periódico como entidad, ¿a santo de qué ha de cobrar derechos de autoría por informar de que ha habido un accidente de carretera, se recrudecen los combates en una guerra lejana o tal político ha dicho tal cosa?
Bien es verdad que con frecuencia tergiversan la realidad, pero no creo que eso sirva tanto como haberla creado, que sería, en todo caso, lo que pudiera justificar el que alguien se declare autor de algo. Por no ser, ni tan siquiera son, en la inmensa mayoría de las ocasiones, actores en la realidad que reproducen. Y nunca les he oído decir que pretendan pagar a los protagonistas de las noticias por proporcionárselas.
Sería lo suyo, siguiendo la misma lógica que ellos utilizan. Si "explotan" a otros, apropiándose de sus vidas y circunstancias para componer las noticias con que se lucran, no es mucho pedir que les compensen por esa explotación. Aunque me temo que con esto no estarán muy de acuerdo. Ya se sabe, lo suyo no es negocio, es servicio a la sociedad.
Son tan listos...