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Terra
La Coctelera

Categoría: Música

El monopolio de las gestoras de derechos de autor

Han tardado un poco, pero parece que al fin las autoridades europeas se han dado cuenta de que las sociedades de gestión de los derechos de autor de los diferentes países de la UE, en España la SGAE, practican un monopolio de hecho que las lleva a controlar el mercado a su antojo.
Por eso la Comisión Europea ha anunciado que abrirá un procedimiento de infracción contra esas sociedades, a las que acusa de llevar a cabo prácticas monopolísticas contrarias a la competencia.
Nunca es tarde si la dicha es buena. Ahora sólo falta que nuestros gobernantes (pasados, presentes y futuros) se den por enterados y dejen de favorecer con su respaldo incondicional esas prácticas. La SGAE no representa a la Cultura con mayúsculas, ni por asomo, sino que defiende un negocio en el que, como ahora se señala desde Europa, no quieren que nadie más meta la mano.
A ver si va a resultar que tanta historia con que se nos muere la Cultura es como eso de que se nos rompe España, un señuelo para atraer a los incautos y hacerles comulgar con ruedas de molino.
¿Será eso?

Las gemelas supremacistas

Tienen 13 años, viven en un rancho californiano y se dedican a interpretar música folk bajo el nombre artístico de Prussian Blue. Pero sólo cantan para blancos. Canciones que hablan del orgullo de pertenecer a una raza superior o expresan sentidos homenajes a ese gran hombre de paz que fue Rudolf Hess.
Les preocupa el descenso en la natalidad de niños blancos racialmente puros o el que las jóvenes de hoy en día estén más por divertirse y desarrollar una carrera profesional que por casarse y formar una familia. Y piensan que la forma de vestir o de actuar de los jóvenes es activismo, porque representan a su familia, a sus creencias, a su raza.
Muy claras parecen tener las cosas estas chicas, con tan poca edad. Aunque se comprende mejor su determinación sabiendo que su padre tiene registrada la esvástica nazi como divisa de su ganado y que la única maestra que han conocido, y ahora también su manager, ha sido su madre, que las ha educado en casa, lejos de las nefastas influencias de las escuelas donde el multiracismo campa a sus anchas.
No todo está perdido, sin embargo. Como muchos otros niños estadounidenses, colaboraron con sus donaciones para ayudar a las víctimas del huracán Katrina. Aunque, eso sí, para ayudar sólo a los blancos.
Si alguien quiere descubrir el talento de estas gemelas, Lynx and Lamb Gaede, aquí puede ver un tierno video de su canción Victory Day ('We're proud of being white, we want to keep being white'').
He sabido de estas dulces criaturas en Reasoner.

El contrato editorial

Enrique Mateu es músico. Y edita un blog, que conozco por BandaAncha, del que hoy me atrevo a fusilar parte de un post que no tiene desperdicio: CD o no CD, esta es la cuestión. En él, no sin sentido del humor (que si no estas cosas atragantan mucho), habla sobre los términos en que se firman los contratos discográficos entre los artistas y esas compañías que aún se atreven a llamarnos piratas.
Aquí va el adelanto:

Bien, ya tenemos al artista (el grupo de cinco amigos que hacen música), tenemos la obra (12 temas que han compuesto más o menos entre todos), tenemos también la compañía discográfica que ha ofrecido el contrato leonino y... falta todavía un detalle: el famoso contrato editorial.
El grupo dice: «¿ein?».
Y la compañía discográfica explica lo que es un contrato editorial:
- La industria de la música es un entramado muy complejo y necesitamos motivar determinados elementos de la escala de valor para conseguir ciertos favores...
El grupo dice de nuevo: «¿ein?».
Y el AR (director artístico de la empresa) carraspea y explica que:
- ...el grupo, si quiere grabar, tiene que, además, firmar otro contrato mediante el cual ceden no solo la interpretación de su propia música fijada en el soporte sino que además ceden el 50% de los derechos de autor que genere esa música durante 75 años después de la muerte de ellos.
Llegados a este punto, el batería del grupo, al que todos tienen por “chunda chunda” pero que al final resulta que es el más espabilado de todos, dice que tiene tres preguntas:
- ¿Quiere decir que si firmamos contrato editorial cada vez que nosotros toquemos un tema nuestro en directo ustedes ganarán el 50% de los derechos de autor, aunque el disco esté ya descatalogado?
- ¿Y quiere decir también que nosotros perdemos toda potestad sobre nuestra obra siendo ustedes, desde el momento de la firma, los que deciden si la música del grupo se puede mutilar, versionar a reggaeton o ponerla del revés?
- ¿Podría darse el caso que ustedes no nos dieran permiso para tocar nuestra música?
Entonces el AR mira amablemente al entrañable “batera” del grupo y decide, en su fuero interno, que a este chaval hay que echarlo del grupo como sea porque es el “conflictivo”. Esto lo piensa mientras le contesta que efectivamente es así pero que tiene una razón de ser (¡huy!, “razón de ser” otra antonomasia que me ha salido sin querer):
- Para que el disco suene en medios de comunicación tenemos que llegar a acuerdos y lo que se hace en estos casos es dar un porcentaje de los derechos de autor a determinados medios para que los singles puedan entrar en listas y así la canción podrá ser un éxito. Por eso pedimos nosotros un contrato editorial que nos permitirá negociar en el futuro con las editoriales de las radios y las televisiones determinados porcentajes o proceder a pagos mediante viajes, fiestas, contratando publicidad, regalos o cheques regalo si llega a hacer falta...
El batería, con sus 18 años recién cumplidos, tiene una idea de la música absolutamente idílica. En parte se metió en esto porque pensaba que la música era un ambiente “guapo” con gente “guay” y tal y tal...
«Pero esto es una especie de soborno y encima con nuestro trabajo del directo que nada tiene que ver ni con el disco ni con las radios...», dice el batería ya muy indignado mientras los demás lo miran como diciendo “y no te callarás, no”.
El AR se limita a decirle: «bueno, esto de la industria de la música es así, es lo que hay. Eres tú el que tiene que decidir si te apetece seguir adelante con esto o no». Y girando hacia el resto del grupo les dice: «¿vosotros como lo veis? ¿Seguimos adelante o no llegaremos a un acuerdo?»

El desenlace de esta apasionante historia de corrupciones y chantajes en el blog de Enrique Mateu.
Por cierto, y al hilo de estas cuestiones de los "defensores de la cultura", leo en 20Minutos que cierra la última empresa española de fabricación de CDs vírgenes, según fuentes sindicales y de la empresa como consecuencia del canon impuesto por la SGAE.
Muchas felicidades a la SGAE (que culpará de ese cierre a la piratería, como si lo estuviera oyendo ya), a los sufridos autores (a los que robamos el pan de sus niños), a la Sra. Ministra de Cultura (tan comprensiva ella con los pobres artistas), al Gobierno de España (que en estas cuestiones prefiere el progresismo decimonónico), al PP (que ahora dice que no, pero cuando tenía que haberlo dicho no dijo ni mú) y a todos los que, porque son así de malvados o sus cabecitas no les dan para más, apoyan medidas injustas e ilegales como ese ignominioso canon que está enriqueciendo a unos pocos a base de robar descaradamente a la mayoría.
Seguro que las familias de esos nuevos trabajadores en paro tendrán a todos ellos presentes en sus oraciones.

Coldplay y la locura de los DRM

Lo leo en BandaAncha, que enlaza con la entrada original en Boing Boing.
El último CD de Coldplay, X&Y, lleva sorpresa. Una vez comprado y pagado, retirado el plástico protector y abierta la caja que contiene el disco, los compradores pueden leer una serie casi interminable de restricciones de uso que han de aceptar ya sin más remedio, pues, como indica la última de ellas, salvo por problemas de fabricación no se acepta la devolución del producto.
Es la nueva moda de los DRM, dispositivos que con la excusa de defender los derechos de creadores y editores pisotean sin contemplación los de los consumidores. O, como en el caso de Coldplay y otros artistas, los de sus seguidores, sus fans.
Copio y pego de BandaAncha:

Este CD ha sido fabricado para su uso en reproductores normales de CD, pero podría no funcionar en los siguientes reproductores:

  • Algunos reproductores de CD con la capacidad de crear MP3 (como reproductores portátiles o de coche).
  • Algunos reproductores de CD con opciones CD-R o CD/RW (como reproductores portátiles o de coche).
  • Algunos reproductores de CD de coche con GPS.
  • Algunos reproductores de CD de coche con capacidad de grabación en disco duro.
  • Algunos reproductores de CD-R/RW utilizados para música.
  • Algunos reproductores de CD portátiles.
  • Algunos reproductores de DVD.
  • Algunos reproductores de CD.
  • Algunas consolas de videojuegos.
  • Aunque puedes usar un programa de Windows para reproducir algunas pistas, eso no significa que el CD pueda reproducirse en todos los PCs.
  • La primera vez que el programa se utiliza (en Windows con un programa de arranque automático) se registra en un archivo de Windows. Así, los programas ya registrados no afectan a las operaciones de Windows.
  • El sistema operativo Windows usa los últimos archivos.

Este CD no soporta el software de Macintosh.

  • Excepto por defectos de fabricación, no aceptamos cambios en el producto o devoluciones.

A la vista de esto, uno no sabe muy bien qué pensar. Más parece que la compañía editora estuviera pensando en cambiar de negocio y quisiera espantar a la clientela. O quizá es que se piensan que los compradores de música son imbéciles y aceptarán sin más cualquier imposición, por injusta o irracional que ésta pueda ser.
No es de recibo, y ni siquiera sé si legal (asesórame, Prieto, corazón), que ciertas características de un producto, claramente determinantes a la hora de decidir si lo adquirimos o no, sólo puedan ser conocidas por el consumidor una vez que ha comprado y desempaquetado ese producto. Y lo es menos que, además, se nos niegue el derecho a devolver el producto si esas características que se nos han ocultado no nos satisfacen.
Espero que los legisladores y políticos españoles, en gran parte tan complacientes con quienes fomentan el uso de los DRM, sepan advertir la injusticia donde la hay y actúar contra ella. Defender los derechos de unos pocos (discutibles incluso, en muchos casos) violentando los de la mayoría no parece una práctica muy democrática. Más bien parece otra cosa.
Este post se podría haber titulado "Coldplay se burla de sus fans". Porque esas restricciones de los DRM son sólo eso, una gran burla. Y trágica si pensamos que, mientras los burladores se ríen y se enriquecen, la que pierde, la que se socava, es la democracia.
Mientras tanto, el disco de Coldplay se seguirá compartiendo en la Red. Y no será piratería. Será resistencia.

Dias de radio

Me podía referir al pasado, a aquellos tiempos de "Para vosotros los jóvenes" y el "European Pop Jury" en RNE, del "Mariscal Romero Show" y "Musicolandia". Pero no, los días en los que pienso son días de futuro. Y la radio que los ameniza ya no difunde sus contenidos a través de las ondas. Son días de radio online, emitiendo desde cualquier rincón del mundo para llegar hasta nosotros a través de Internet. Canales y más canales, muchos de ellos especializados, para que cada cual escuche la música que el momento le reclame: 60's Psychedelic Rock, Classical Easy Symphonic, Smooth Jazz, Ambient Chillout...
En mi caso, la radio online se ha convertido en algo casi imprescindible. Bien es verdad que trabajo en casa y con el ordenador, conectado permanentemente a la Red. Pero en la medida en que (espero y deseo) la conexión a Internet se universalice con precios verdaderamente asequibles y una gran burbuja wifi nos envuelva, la opción de la radio online ya no se limitará a los ordenadores y cualquiera, mediante dispositivos más portátiles, podrá sintonizar su emisora online favorita desde cualquier lugar.
De llegarse a ese punto, no sé la repercusión que podría tener en el mercado de la música comercial, pero para los músicos que ya publican sus temas con una nueva mentalidad, alejada de los planteamientos obsoletos de la industria de la música y las sociedades de gestión de derechos de autor, puede significar una capacidad de promoción similar a la de los artistas arropados por el aparato de las grandes compañías. Al menos en el ámbito de la radio.
Con emisoras dedicadas a radiar música libre, la batalla entre músicos del arte y del entretenimiento se libraría ya en el terreno de la calidad y no en el de la promoción salvaje cuyos disparatados presupuestos sirven ahora para que las compañías justifiquen casi todo, desde el elevado precio de los discos hasta la propia necesidad de su existencia.
Y aún en el caso de la música comercial, la proliferación de emisoras dificultaría el control de las compañías sobre la programación musical de cada una de ellas, permitiendo a la gente escuchar a alguien más que a ese puñado de artistas que nos encontramos hasta en la sopa. Permitiéndonos comparar y elegir libremente.
¿Se nota mucho que estoy encantado con la radio online?
Y a todo esto, los Allman Brothers y su banda suenan con su "Trouble No More" en RTN Radio.

No regalaré discos de Sony en Navidad

Ya hace días que se viene hablando del tema del sistema anticopia en los discos de Sony-BMG, el ya famoso XCP (Extended Copyright Protection) que incluye la instalación de un rootkit o conjunto de herramientas que permanecen ocultas en nuestro sistema, alterándolo y permitiendo que un intruso pueda acceder a él. De los cercanos, trataron el asunto en su momento Alejandro en Devolución.info y Alberto en Sombra Digital, coincidiendo ambos en que Sony se había pasado de la raya.
El que modifiquen nuestro sistema mediante archivos ocultos, de difícil localización, y además creando un agujero de seguridad, no es de recibo. Si ya no lo era, para muchos de nosotros, la utilización de sistemas anticopia, la instalación del rootkit venía a agravar la situación. La avalancha de quejas recibidas llevó a los desarrolladores del sistema anticopia a publicar un parche que no desinstalaba el rootkit, sino que sólo lo deshabilitaba y permitía que los archivos fueran visibles, y una posterior actualización, publicada también por Sony, con la que aseguran que se puede desinstalar del sistema el componente en cuestión:

"November 8, 2005 - This Service Pack removes the cloaking technology component that has been recently discussed in a number of articles published regarding the XCP Technology used on SONY BMG content protected CDs. This component is not malicious and does not compromise security. However to alleviate any concerns that users may have about the program posing potential security vulnerabilities, this update has been released to enable users to remove this component from their computers."

No obstante, como se puede comprobar en la frase que he resaltado en negrita, siguen asegurando que la instalación del rootkit no compromete la seguridad. Una afirmación que sí ha quedado ahora comprometida con el descubrimiento del primer troyano que usa el rootkit para colarse en los sistemas.
Las demandas contra Sony por este asunto, en Estados Unidos y algún otro sitio como Italia, cobran un nuevo sentido con este descubrimiento, que prueba la realidad de lo que hasta ahora sólo era posibilidad. Y las declaraciones de un ejecutivo de esa compañía, sosteniendo que la mayoría de usuarios medios no conoce el significado de rootkit y otros términos como malware y y no tienen por tanto por qué quejarse, sólo han servido para encender aún más los ánimos de los consumidores. Y para demostrar, una vez más, ese talante prepotente y despreciativo del que suele hacer gala la industria del entretenimiento con respecto a sus clientes.
Un desprecio hecho extensivo a la ley, tal y como revela la adopción sin complejos de un sistema anticopia cuando menos de dudosa legalidad, y del que son cómplices las administraciones que en muchos países se muestran permisivas y hasta protectoras con esta industria, facilitándole la aplicación de medidas que vulneran los derechos fundamentales de los ciudadanos.
La Electronic Frontier Foundation ha publicado una lista que incluye algunos de los discos de Sony-BMG provistos del XCP, pero la negativa de la compañía a facilitar la relación completa de discos con ese sistema anticopia convierte la elaboración de este tipo de listas en una tarea tan ardua como inútil.
Así que yo, por si acaso, no regalaré estas Navidades discos de Sony-BMG. No vaya a ser que algún amigo o familiar todavía me retire la palabra por haber propiciado que se le escacharre el ordenador.

Creando y recreando

Sonaban esta mañana los Kinks, mientras solucionaba algunas pegas con el diseño de Parlamentarios.info en el Explorer (para no variar), y al escuchar los primeros compases de David Watts no he podido evitar soltar un espontáneo «Yo quiero ser Emilio Cao». Cosas del lado siniestro que uno tiene, qué le vamos a hacer.
El caso es que con este pronto he recordado que Oasis andan estos días por España, por una suerte de relación entre ambas cosas que tiene que ver con mi dedicación, ahora bastante abandonada, a escribir letras de canciones para Provisional, el grupo de mis amigos Juanjo y Fernando.
Siempre me ha resultado muy curioso cómo me llegan a veces las ideas para una letra mientras escucho música. Las palabras, los versos completos, aparecen de repente en mi cabeza, con pleno sentido y encajando a la perfección en la melodía del tema que esté escuchando. Y lo hacen tan atropelladamente que a menudo no me da tiempo a traspasarlas al papel o la pantalla antes de haber perdido su recuerdo. No es un acto voluntario, no es que me encuentre en esos momentos resuelto a escribir una letra y en busca de inspiración. Con frecuencia ando ocupado en otros asuntos muy diferentes cuando pueblan mi cabeza repentinamente. Llegan, sin más, sin avisar. Y como llegan se van.
Por razones que desconozco, unas músicas provocan ese flujo de ideas más que otras, la interpretación de unos artistas más que las de otros. Y entre los que me han resultado más fértiles se encuentran los chicos de Oasis. Pero lo mejor de todo es que de su influencia, de su inspiración, han surgido cosas que nada tienen que ver con ellos, y nadie adivinaría jamás en cualquier canción de Provisional el remoto aliento gestante de un tema de Oasis. O de cualquier otro grupo o artista.
La razón es sencilla. Aunque esa primera inspiración me haya venido oyendo una canción de ellos, la temática de mi letra suele ser diferente a la abordada por la suya, y cuando una vez terminada se la paso a Juanjo y Fernando nunca les digo cómo se originó. De hecho, si acaso leen esto, será la primera noticia que tengan de que alguna de sus canciones empezó por un tema de Oasis. Así, ellos se encuentran con una letra pelada, a la que ponen música sin el condicionamiento de la melodía original, que desconocen.
Y lo que me pregunto es si el tema resultante se puede considerar un derivado del originario, aunque en nada se parezcan. En cierta forma sí, pues sin el tema inicial no se hubiera creado el posterior, recreación del primero aunque alejada hasta la imposibilidad de confusión alguna entre ambos. Pero, por otra parte, dada esa diferencia, resulta del todo imposible probar la participación del primero en la gestación del segundo, que podría pasar como una obra original, si es que eso existe, a pesar de haberse alimentado su proceso creador de otra obra anterior, de una información ya existente. Obra anterior que, probablemente, ha surgido a su vez a partir de otras obras anteriores a ella.
La creación, así vista, sin la prepotencia y el orgullo vano de quienes quieren pasar por geniales creadores originales y detentar la propiedad exclusiva de lo propio y parte de lo ajeno, no sería sino una permanente recreación, un ir remodelando lo existente, variando sus formas y esencias. Una derivación, simple o compleja según los casos, de lo ya conocido.
Esto, por supuesto, no ha quitar el mérito a la capacidad y el esfuerzo creativos. Pero sí sirve, al menos a mí, para poner en duda que sea lícito y razonable pretender poseer la exclusividad sobre lo recreado. Quien crea que sí lo es debería ir pensando, en buena justicia, en la manera de compensar a quienes le antecedieron y pusieron los cimientos sobre los que luego él ha edificado.
Aunque todas estas cuitas sobre propiedades e influencias pasarían a ser historia si fuéramos comprendiendo que la Devolución no es mas que una cuestión de justicia y sentido común.
Y de humildad, claro, que también anda escasa en algunos "clubs de genios creadores".

Amar es combatir (y viceversa)

No sé muy bien por qué, misterios de la memoria, mientras preparaba la cena me ha venido a la mente una vieja canción de Luis Pastor que llevaba años sin escuchar. Y esto es lo curioso. Hacía tanto que me resulta dificil entender por qué ha aparecido así, de repente. No recuerdo que en estos últimos días haya visto o leído nada que me pudiera llevar a rememorar esa canción en concreto. Y lo que se me ocurre... no, no puede ser.
La letra de la canción, que aparecía en su disco "Vallecas", reproduce algunos versos de Piedra de Sol, el extenso poema del mexicano Octavio Paz:

AMAR ES COMBATIR
Madrid, 1937,
en la Plaza del Ángel las mujeres
cosían y cantaban con sus hijos,
después sonó la alarma y hubo gritos,
casas arrodilladas en el polvo,
torres hendidas, frentes esculpidas
y el huracán de los motores, fijo:
Los dos se desnudaron y se amaron
por defender nuestra porción eterna,
nuestra ración de tiempo y paraíso,
tocar nuestra raíz y recobrarnos,
recobrar nuestra herencia arrebatada
por ladrones de vida hace mil siglos,
los dos se desnudaron y besaron
porque las desnudeces enlazadas
saltan el tiempo y son invulnerables,
nada las toca, vuelven al principio,
no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,
verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,
oh ser total...
Amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro.

Ha sido un bello recuerdo. Por la canción, que me sigue gustando, y por los tiempos y vivencias que ha traído consigo. Unos tiempos en los que la poesía era profunda pero cercana y la del amor la más necesaria de las batallas.
No lo había olvidado. Pero no ha estado de más que una canción haya venido a recordarme que amar sigue siendo combatir.
Y viceversa.