Posiblemente sea que han llegado a la Red con retraso, tal y como llegaban al inicio de la mayoría de partidos del Mundial, pero el caso es que parece que los responsables de la web de laSexta, la nueva televisión "innovadora", no deben conocer la existencia de otros navegadores distintos de Microsoft Internet Explorer.
Y los hay. Y hasta existe quien los utiliza. Y aunque es un fastidio, no está de más intentar que las webs se vean lo mejor posible en la mayoría de ellos. Para que no pase esto, más que nada:
Que sucedan estas cosas en las webs de las Administraciones -aunque afortunadamente cada vez menos- se puede entender. Los nombramientos no siempre se hacen en función de la capacidad de los individuos para responsabilizarse del sector al frente del cual se les coloca. Que pasen en la empresa privada, en particular en grandes compañías, ya no se entiende tanto.
Uno de los objetivos principales de toda web corporativa es añadir valor a la empresa, reforzar su imagen. El caso de la web de laSexta consigue todo lo contrario. Sólo muestra, en el mejor de los casos, desconocimiento del medio, Internet, por parte de quienes han de supervisar el desarrollo de la web. Algo que no habla precisamente bien de una empresa de comunicación del siglo XXI.
Un caso que no responde al verdadero nivel medio del desarrollo web español, muy por encima de estas cosas que, incomprensiblemente, siguen sucediendo.
En eso está una coalición de grupos civiles estadounidenses, aunando sus voluntades en la campaña Save the Internet para intentar evitar que el lobby de los grandes proveedores de acceso a Internet de aquel país se salgan con la suya y logren que en el Congreso se apruebe una ley que pondría en peligro la tan necesaria libertad que da sentido a todo lo que la Red supone y representa. El principio de neutralidad que rige esa libertad en Internet es el que asegura que los usuarios pueden acceder con la misma facilidad a un pequeño blog que al sitio corporativo de una gran compañía, de manera que ningún proveedor de contenidos se vea privilegiado.
Esto es, según esa coalición civil, lo que estaría en peligro. Los principales proveedores de acceso a Internet desearían, por lo que afirma la campaña, poder tener un control sobre la velocidad de carga de las páginas y otros aspectos de la navegación que les permitirían beneficiarse o beneficiar a determinados proveedores de contenidos situándolos en posiciones ventajosas respecto a sus competidores.
Dicho de otra forma, con ese control sus propios contenidos y servicios, o los de aquellas empresas que les pagaran con tal fin, estarían mejor situados en la Red, funcionando a pleno y veloz rendimiento. Y los de los demás quedarían en una especie de vía muerta, sin posibilidades de competir con ellos.
La función de la Red es servir de medio de transmisión de los datos, sencillamente. Y el principio de neutralidad en Internet, Network Neutrality, establece que todo el tráfico de información que circula por la Red debe ser tratado en condiciones de igualdad, al margen de cuál sea el contenido y quienes sean el emisor y el receptor. Esto es lo que proporciona a Internet esa capacidad como vehículo de desarrollo económico y su condición de foro democrático donde impera la libertad de expresión.
Si, como denuncia la coalición civil estadounidense, hay quienes desean quebrar esa neutralidad, en realidad lo que intentan es acabar con Internet tal y como la conocemos. Y contra eso cualquier esfuerzo es obligado. Hay que salvar la Red.
Por si hay alguien que aún no sabe qué es eso de los "Estándares Web".
Standards in a Nutshell, de Natalie Jost.
Llevamos ya meses preparando el evento en Las Ideas y ya se puede encontrar en Internet la web del e-Findex, unas jornadas sobre Internet, Blogosfera, Política, Sociedad, Medios y otros asuntos, que se celebrarán en Cáceres los días 16, 17 y 18 de junio, en la Institución Cultural El Brocense.
En ello estamos e invitados quedáis.
¡Salud!
Son los amores de Google y una parte de sus usuarios, que no parecen estar dispuestos a perdonar a la compañía tecnológica su infidelidad con el gobierno chino.
Así se lo hicieron saber el pasado 14 de febrero con concentraciones en diversas ciudades de varios países, algunas de ellas ante las oficinas de Google, y un simbólico boicot mantenido durante ese día como advertencia de las posibles repercusiones que para Google podría acarrear el persistir en su colaboración con la censura de las autoridades chinas.
La iniciativa, No Luv 4 Google, continúa abierta por demanda popular según sus promotores, Students for a Free Tibet, que también mantienen activa una campaña de envío de cartas de protesta a varios ejecutivos de las otras tres compañías de la Gang of Four.
Más allá de esta lógica respuesta de quienes apoyan la libertad para el Tibet, uno de los temas directamente censurados por el gobierno chino, el caso de Google resulta particularmente hiriente por cuanto representa el abandono de su famosa filosofía del "Don't Be Evil", algo que procuraba a la compañía las simpatías de muchos internautas. Si Google está dispuesta a asumir la pérdida de imagen global a cambio de los beneficios comerciales en China, ¿será que consideran su posición en Internet ya tan sólida e inalterable como para no temer que pueda llegar a estar en peligro de retroceso?
Yo, como otros, prefiero pensar que la hipocresía de la compañía estadounidense no llega a tanto y que sabrán rectificar el mal camino emprendido. De no ser así, quizá tendré que empezar a revisar las alternativas a los servicios de Google. Que ancha es Internet.
Y la libertad de las gentes no puede ser, en ningún caso, moneda de cambio en las operaciones comerciales.
La que ya es conocida como la Gang of Four se defiende de las acusaciones de colaboración con la censura del gobierno chino. Incluso recordando que el gobierno estadounidense hace ya muchos años que conoce la situación de los derechos humanos en China, sin que eso haya impedido las relaciones comerciales entre ambos países. Tampoco es que les falte razón en eso. Pero, vamos, como disculpa por ayudar a que encarcelen a alguien durante 10 años sólo por sus ideas, anti totalitarias además en este caso, no es que sea muy buena que digamos.
Tampoco es que tengan las cosas a su favor. Los medios estadounidenses se siguen ocupando del asunto. Como el Washington Post, por ejemplo, que publica una lista de términos prohibidos, de ésos que ponen en alerta a los censores del gobierno chino, permitiendo así que sus lectores puedan juzgar el nivel de represión de las ideas con el que colaboran esas compañías tecnológicas estadounidenses.
Y es que hay cosas de dificil defensa. The Peking Duck nos ofrece una ilustrativa comparación, aunque no deja de reconocer las diferencias entre ambos casos:
Suppose that Anne Frank had maintained an e-mail account while in hiding in 1944, and that the Nazis had asked Yahoo for cooperation in tracking her down. It seems, based on Yahoo's behavior in China, that it might have complied.
Granted, China is not remotely Nazi Germany. But when members of Congress pilloried executives of Yahoo, Google, Microsoft and Cisco Systems at a hearing about their China operations on Wednesday, there were three important people who couldn't attend. They were Shi Tao, Li Zhi and Jiang Lijun, three Chinese cyberdissidents whom Yahoo helped send to prison for terms of 10 years, 8 years and 4 years, respectively.
Veremos en qué acaba todo esto, pero el debate que suscita es interesante. Y tiene mucho que ver con los blogs, esas cuevas digitales donde nos ocultamos los bandoleros de la Red.
Y algún que otro pirata nostágico y melancólico.
Concluye Las Vegas Sun un artículo del pasado jueves opinando que si el precio de hacer negocios implica aceptar el bloqueo del acceso a sitios web y otras formas de censura en la Red, es un precio demasiado alto. Se refiere, claro está, al asunto de las compañías estadounidenses (Microsoft, Yahoo, Cisco Systems y Google) acusadas de colaborar activamente con la censura que en Internet impone el gobierno chino sin más causa aparente que la de no perder su trozo de pastel en un mercado tan apetecible.
No es el unico medio estadounidense que se ocupa de este tema, que ha llegado ya al Congreso del país y parece haber movilizado a sus congresistas en la defensa de la libertad en Internet, creando una Internet Freedom Task Force para tal defensa.
Del lado de las compañías implicadas las cosas se muestran teñidas de un inocente color verde esperanza. El acceso restringido a Internet no es lo ideal -se defienden-, pero es mejor que nada para el pueblo chino. El amigo Bill (Gates, sí) va más allá, asegurando que el acceso a la Red contribuirá al avance político de China y servirá para prevenir la censura. En realidad, todo se sintetiza en lo que el bueno de Bill dijo en el World Economic Forum: la censura estatal no es razón para que las compañías tecnológicas no hagan negocios en China. Más claro, imposible.
Aunque por esta vez, y sin que sirva de precedente, en esto último algo de razón se le puede conceder. Como denuncia CNET News, hay mucho de hipócrita en ese repentino despertar ético de los congresistas estadounidenses. Si las prácticas de estas compañías tecnológicas son censurables, debieran serlo también las de cualquier otra, sea del sector que sea, que haga negocios en China. O las del propio gobierno de EE.UU., que ha venido manteniendo tratos comerciales preferentes con China mientras propulsaba medidas de embargo económico contra otros países a cuyos gobiernos acusaba de hacer lo que el gobierno chino sigue haciendo aunque lo niegue, gobernar con totalitarismo y reprimir con firmeza cualquier disidencia.
El debate que se alimenta desde algunos medios estadounidenses es necesario y oportuno, en estos tiempos en que los valores democráticos sirven de excusa para invadir países, asesinar inocentes o mantener presos cautivos a perpetuidad, y la libertad de expresión se utiliza como caballo de Troya para que entre nosotros se instalen ideas contrarias a la propia libertad. Si tanto nos importa la ética democrática, ¿por qué no por igual en todos los casos?
La respuesta está en una palabra que sirve para explicar muchas cosas: negocio.
Si tecleamos www.google.cn en la barra de direcciones de nuestro navegador y pulsamos "Enter" no nos aparece la página de inicio del buscador de Google para China, sino la del sitio principal de Google, www.google.com.
Y si buscamos en el listado de dominios para las versiones locales de Google en todo el mundo, Google China no aparece por ningún lado.
¿Será que no existe Google China? ¿O quizá que ni siquiera China exista, que haya desaparecido por arte de magia?
Pues no. China sigue donde siempre ha estado y sus internautas pueden realizar búsquedas en la versión de Google para su país. Pero sí hay algo de magia en todo esto. De magia china, claro. La que obra esa censura gubernamental con la que Google se muestra tan colaborativa. Esa magia que transforma carros de combate en familias felices y estampas idílicas.
Posiblemente no nos dejen acceder a Google China para que no contemplemos esa magia. Aunque, como casi siempre en estos casos, en Internet, es un esfuerzo inútil. Aquí cada magia tiene su contraria.